Segunda-feira, 18 de Junho de 2018
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº991
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ARMAZéM LITERáRIO > FÓRUM FOLHA

Jornalismo e democracia na perspectiva da FNPI

Por Jaime Abello Banfi em 16/05/2006 na edição 319

Nos últimos 40 anos, a relação entre meios de comunicação, democracia e esfera pública tem sido matéria de crescente interesse em todo o mundo. Acadêmicos e investigadores sociais, organismos multilaterais, governos, fundações doadoras e ativistas de todos os tipos têm multiplicado estudos, estatísticas, debates, projetos e recursos, dando lugar ao surgimento de um setor de apoio aos meios e ao jornalismo, ou media development, cuja razão de ser é a convicção de que a trindade comunicação-meios-jornalismo pode exercer um efeito positivo na consecução dos objetivos da democratização e do desenvolvimento.

Mientras el tema se consolida en la agenda teórica y de cooperación internacional, la vida real de los medios tradicionales, especialmente los periódicos, se hace cada vez más difícil. En América Latina y en el mundo entero los medios de comunicación, tanto grandes corporaciones como empresas familiares tradicionales o iniciativas independientes de grupos profesionales, atraviesan épocas de incertidumbre. Las reglas del juego están cambiando y no sabemos realmente hacia dónde vamos y cuál es el futuro que le espera a lo que hemos conocido hasta ahora como periodismo.

El surgimiento de Internet ha sido uno de los elementos fundamental en los cambios que vivimos, porque está trastornando las reglas de juego de la práctica y la economía del periodismo, minando poco a poco la lógica tradicional de operación y las bases económicas del periodismo de calidad que todavía es el orgullo de los grandes periódicos y algunas cadenas de radio y TV. En la era de la globalización, Internet se consolida como medio de comunicación totalizante e infinitamente plural, que absorbe como fuentes a los otros medios para distribuir digitalmente noticias, opiniones y toda clase de información con formidable versatilidad, a través de múltiples canales, algunos de ellos masivos y populares en América Latina, como el teléfono celular.

Una manifestación de esta era es el progresivo replanteamiento de la relación entre los medios y sus audiencias. Los lectores son cada vez más desconfiados. Con todas las posibilidades de acceso directo a los más diversos flujos de información, que permiten comparar versiones, los públicos se hacen cada vez más exigentes e intolerantes ante la sospecha de parcialidad o falla humana, que es tan frecuente en un oficio esencialmente falible como el periodismo diario. Cada vez hay menos margen para la prepotencia –o creatividad, según como se mire- del periodista que lo que no sabe lo inventa. Los que eran receptores ya no se limitan a recibir información, la quieren producir y ya lo está haciendo, a través de comunidades en red y herramientas tecnológicas nuevas. Y cada vez más lo que recibe es porque lo ha buscado: el cliente va por lo que quiere a la hora que quiere, porque la información es la respuesta a una demanda. Estamos pasando de un periodismo de monólogo a un periodismo que esencialmente es un dialogo, el resultado de una interacción, dentro de la cual cuenta no solo el periodista sino el algoritmo que programa los flujos automatizados de suministro de información de los websites.

Mientras el periodista es cada vez menos el mediador privilegiado y a veces arbitrario entre lo público y la ciudadanía, la batalla mediática se está sofisticando: los poderes políticos, gubernamentales, empresariales y los grupos de presión no son ya meras fuentes de los reporteros sino productores directos de información, tienen sus propias páginas Web y equipos completos de comunicadores buscando persuadir o imponer su versión. Comunicación estratégica y news management o manejo de medios, son la cara decente de una voluntad de control que suena a premoderna, pero que todavía se ejerce con descaro en muchas partes, con artimañas tales como la asignación de licencias a familiares y amigos políticos, la defensa de posiciones monopólicas de grandes cadenas, el otorgamiento condicionado de contratos de publicidad, el cierre de fuentes y de acceso a la información, los regalos a los reporteros, la creación de medios basura para atacar la reputación de periodistas y medios, el acoso judicial, las amenazas y hasta la violencia, por citar unos ejemplos clásicos de todos los días.

Propriedade concentrada

América Latina, sigue siendo tierra de peligros para quienes tratan de hacer el periodismo como debe ser, especialmente si lo intentan en las provincias, por fuera de las capitales políticas y económicas, y sin la sombra protectora de una gran empresa periodística. Según Reporteros sin Fronteras en el continente americano fueron asesinados siete periodistas en 2005, y cinco han perdido la vida en el ejercicio de su profesión en lo que va corrido de este año. La mayoría de los crímenes permanecen impunes y son corrientes las agresiones y los casos de presiones y censura a los medios de comunicación, con la complicidad ocasional de las autoridades gubernamentales y judiciales locales. Los políticos corruptos y las mafias del crimen organizado, son los enemigos más feroces de los periodistas.

Narcotraficantes, paramilitares y autoridades regionales corruptas están detrás de crímenes, agresiones y amenazas a periodistas en México, Colombia, Perú y Brasil, particularmente en las regiones periféricas y fronterizas. En las capitales, en cambio, la tensión mayor se suele dar con los presidentes y sus camarillas. Algunas de las gestas memorables de nuestro periodismo en tiempos recientes se han escrito en la lucha contra mandatarios corruptos como son los casos de Fujimori en Perú, Menem en la Argentina, Alemán en Nicaragua, Salinas de Gortari en México, Gutiérrez en Ecuador y el dúo de Calderón y Rodríguez en Costa Rica.

Sin embargo, aumenta la demanda de la sociedad civil y de los sistemas políticos por la responsabilidad de medios y periodistas. Estos reclamos han servido para justificar iniciativas hostiles de regulación estatal que amenazan la libertad de prensa, como es el caso de las leyes sobre contenidos adoptadas en Venezuela e impulsadas en otros países. Por supuesto que el poder se aprovecha de las debilidades de la prensa para desprestigiarla y que conceptos nobles como la responsabilidad social o la protección de la sociedad contra el terrorismo se convierten en pretextos a los que recurren quienes tratan de acallar a los periodistas. Es de lamentar que no contemos en la mayoría de nuestros países con aparatos judiciales independientes, serios y confiables para castigar los abusos de los periodistas, pero en todo caso nuestros gobiernos carecen de la eficiencia, por no hablar de la autoridad moral, para instaurar limpia y eficazmente esquemas de regulación y control administrativo a los medios.

Lo cierto es que las amenazas a la libertad de prensa o los logros en la lucha contra la corrupción no parecen ser suficiente argumento hoy en día para asegurar en nuestras democracias tropicales la solidaridad y respeto social a medios y periodistas. Aunque el gran público sigue pegado a los medios, especialmente los contenidos de entretenimiento de las grandes cadenas de radio y TV, la credibilidad de los contenidos periodísticos está minada por la desconfianza. El caso en América Latina tiene que ver con el hecho de que los medios de comunicación son percibidos más como instancias de poder que de servicio a los ciudadanos.

Es significativo encontrar en el informe del PNUD ‘La Democracia en América Latina: Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos’, que al contestar una pregunta sobre quiénes ejercen el poder, el 65.2% de los encuestados identificaron a la prensa como uno de los poderes fácticos, al lado del poder económico privado, que predominó con el 79.7%, mientras los poderes públicos no pasaron del 50%. Los medios son frecuentemente percibidos como un poder sin control, que va más allá de informar, que sirve a intereses particulares y que ha llegado a sustituir a los jueces y los partidos: Forman la opinión pública, descalifican a las personas, determinan las encuestas, y en consecuencia son los que más influyen en la gobernabilidad dijeron los políticos encuestados. En este mismo Informe se expresa que el problema es que si bien la democracia se ha extendido ampliamente en América Latina, sus raíces no son profundas, al punto que la proporción de latinoamericanos dispuestos a sacrificar la democracia, y con ella la libertad de prensa, en aras de un progreso económico real supera el 50%.

La verdad es que en materia de periodismo y medios América Latina no es solo el continente de la impunidad, sino también el que presenta la más alta concentración de propiedad de los medios masivos, y que vista la sensibilidad del público, no podemos dar por sentada la ecuación de que democracia es igual a prensa libre.

A vez do media worker

Si consultamos visiones de otras partes del mundo, encontramos que la sostenibilidad de los medios dedicados a un periodismo que se pretende serio e influyente, en un contexto de democracias frágiles, se percibe en función de distintas variables, que deberíamos repasar y reconocer en nuestros países para afrontar el desafío de ganar el respeto de los ciudadanos.

Hace tres años el Banco Mundial publicó un libro sobre el papel de los medios masivos en el desarrollo económico, con aportes de investigadores que incluían los Premios Nobel de Economía Joseph Stiglitz y Amartya Senn. Allí se sostenía, con apoyo de evidencia empírica, que como proveedores importantes de información a la sociedad, los medios tienen más probabilidad de incidir en promover un mejor desempeño económico, en la medida en que puedan satisfacer tres condiciones: que sean independientes, que proporcionen información de buena calidad y que tengan un amplio alcance, con lo que están en capacidad de reducir la asimetría natural de información entre quienes detentan el poder, aquellos que gobiernan y los ciudadanos, o los agentes privados y los consumidores.

Por su parte la organización IREX ha compuesto un interesante índice en los que identifica indicadores asociados a cuatro aspectos relevantes, además de la libertad de expresión, para examinar la sostenibilidad de los sistemas de medios en democracias en transición: uno, la calidad en las prácticas periodísticas; dos, la existencia de múltiples medios informativos que proporcionen a la ciudadanía noticias confiables y objetivas; tres, la independencia de esos medios, en la perspectiva de que sean negocios bien manejados que permitan la independencia editorial; y, cuatro, la existencia de instituciones de distinto tipo, en función de los intereses profesionales del periodismo independiente.

En esta perspectiva, que concuerda con mi visión del tema, la verdadera responsabilidad del periodismo en la democracia se plantea, en los campos de la independencia, la calidad y el pluralismo. La mejor defensa no sería limitarnos a invocar el tabú de la intocabilidad de la prensa, sino comprometernos con una ética del profesionalismo. Se trata de un reto complejo, alrededor del cual convergen los intereses de las empresas de comunicación que buscan preservar la credibilidad y agregar valor a su producto, los intereses de los periodistas por dignificar la práctica de su oficio y los intereses del público por realizar de manera efectiva el derecho ciudadano a la información.

El desarrollo profesional de los periodistas y la búsqueda de la calidad en las prácticas periodísticas son precisamente la razón de ser de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Por ello considero apropiado profundizar en la presentación del eje misional de la Fundación, el programa anual de talleres y seminarios, que es posible gracias a la entusiasta dedicación de un grupo de los mejores periodistas de América Latina, Estados Unidos y Europa, que suspenden su trabajo habitual para compartir un tiempo valioso con sus colegas de América Latina.

El modelo pedagógico que hemos experimentado en estos años se basa en la visión inspirada por nuestro fundador y presidente Gabriel García Márquez: un método de talleres en los que reporteros y editores jóvenes y de media carrera practican con supuestos de realidad y discuten la carpintería del oficio con veteranos del periodismo, en jornadas laboriosas y exigentes, pero regidas por el espíritu amable de la tertulia de colegas, y poco parecidas a las clases formales de la universidad.

Desde abril de 1995 hasta abril de este año, cerca de 3.700 reporteros y editores de todos los países de América Latina y el Caribe –e inclusive latinos de Estados Unidos-, han participado en más de 200 talleres y seminarios organizados por la Fundación en 37 ciudades del continente, la mitad de ellos en nuestra sede del centro amurallado de Cartagena de Indias.

Al arribar a la primera década de operaciones celebramos nuestro aniversario el año pasado con una reflexión compartida con nuestros maestros, sobre cuál debe ser el papel de la Fundación en los próximos años. Somos conscientes de que el periodismo está en transición una vez más. De oficio de intelectuales en los periódicos partidistas del siglo XIX, pasó a la profesionalización en los medios masivos y comerciales del siglo XX. El siglo XXI despunta con los periodistas tentados a convertirse en gestores de contenidos multimedia en la era de Internet. Del ideal profesional del reportero que investiga y denuncia, o del que se sumerge en una región o acontecimiento, para contarlos luego en ambiciosos reportajes, estamos enfrentados ahora a la propuesta del media worker, que debe dominar las tecnologías y lenguajes multimedia, manejar bases de datos o informar cada vez más en tiempo real.

A lógica da mudança

Consideramos que hay unos criterios cardinales – los repetiré hoy ante este auditório – que sirven no sólo para caracterizar una identidad periodística esencial que vale la pena mantener, sino para orientar la búsqueda de la excelencia profesional en un escenario confuso y movedizo. Son las lecciones de la experiencia de una década de trabajo.

En primer lugar, la ética. Estamos convencidos de la vigencia, tanto ahora como para los próximos años, de los valores que fundamentan las reglas básicas de este trabajo. Es decir, promover una ética profesional de búsqueda de la verdad, rigor en la elaboración de información, independencia respecto de los poderes políticos y económicos y de las fuentes de información, y responsabilidad hacia las personas. La buena fe y la autoexigencia son condiciones para la exactitud de las noticias. Un factor de humildad que parta de una actitud autocrítica permanente contribuye mucho al buen trabajo periodístico. Los talleres de análisis de casos permiten desarrollar la sensibilidad y poner en juego principios de acción que serán muy útiles a la hora de la verdad. Debo realzar aquí que hay un enorme interés en las cuestiones de ética entre los profesionales de todos los países de América Latina. Por algo el Consultorio Ético en línea a cargo de nuestro experto Javier Darío Restrepo es uno de los servicios que más demanda tiene entre los que ofrece la Fundación por Internet.

En segundo término, y en consonancia con lo anterior, es claro que un aspecto esencial de la identidad del periodismo, que se debe estimular, es la noción de que su misión es servir al pueblo sobre la base de un ideal democrático, para poner sobre el tapete información relevante para la ciudadanía y servir de foro para el debate de lo público. Insistiremos en un periodismo que a la vez sea socialmente responsable, tanto como útil y relevante para tu audiencia específica, aunque no necesariamente complaciente con sus prejuicios o sometido a la tiranía del marketing .

Tercero, seguiremos haciendo énfasis en trabajar la narración periodística, que pasa por el lenguaje, la investigación, la reportería, la edición y los géneros, como el reportaje y la crónica. Tenemos la certeza de que hay que incentivar la creatividad para desarrollar relatos periodísticos atractivos, a partir de la idea de que el periodismo escrito es un género literario y que la crónica y reportaje son sus formatos nobles para contar las historias que hacen noticia. Observamos un gran interés de los jóvenes en el periodismo narrativo, lo que explica que en América Latina hayan surgido medios con este propósito: Etiqueta negra, Gatopardo, Soho, Rolling Stone son nombres cada vez más conocidos de algunas de estas opciones. Pero al periodista no le basta con el poder de la narración, necesita entender para poder explicar. Como lo dijo Tomás Eloy Martínez en Cartagena: el poder de la narración viene con la investigación.

En medio de la catarata de información de un mundo globalizado e interconectado, la singularidad que llama la atención, la bandera roja que distingue, solo se logra si se ofrece una perspectiva propia. Esto significa agenda propia en la selección de temas, mirada propia al reportar y voz propia al narrar e interpretar. Hay que afinar la claridad de objetivos para ubicarse dentro del océano de la información.

Tratamos de inspirar en los periodistas la ambición de dominar ciertos temas como especialistas y de que su nombre y su firma sean reconocidos y respetados, es decir que se conviertan en autores y no se limiten a contribuir mecánicamente a una línea de montaje editorial y a protestar, en voz baja, por la falta de apoyo de sus jefes.

Alentar al periodista como autor es una excelente vía para la mejora del periodismo. Un periodista con un proyecto propio es un mejor periodista, cualquiera que sea el medio donde trabaje. En este sentido, creemos que un periodista sumiso, complaciente con jefes y fuentes, o cumplidor de sus deberes laborales mínimos, puede llegar a ser el peor periodista. Muchas veces las empresas dejan fugar este valor agregado individual y obligan al periodista a buscar otros medios u otros formatos, como el libro, para desplegar sus intereses y aspiraciones.

En los próximos diez anos prevemos mantener los rasgos esenciales de nuestra metodología y estilo de trabajo, pero también tendremos que innovar. Uno de los retos interesantes es cómo abordar la formación con los lenguajes de base digital. Hemos hecho talleres de periodismo para Internet pero no es suficiente. Internet es una fuente de los periodistas, pero requiere de precauciones éticas para su correcto uso. La concepción que se debe tener de las nuevas tecnologías no se detiene en que los periodistas conozcan y sepan manejar los más avanzado sino que entiendan que de ahora en adelante hay una constante lógica del cambio. No se trata de que sepan manejar el software de ahora sino que se preparen para asumir que otro vendrá.

Liberdade e transparência

Las herramientas de comunicación digital servirán para ampliar el acompañamiento pre y post taller, a manera de precalentamiento para aprovechar al máximo la experiencia de encuentro y de despresurización para el aterrizaje en la dura realidad de las salas de redacción, tristemente indiferentes a la pasión que tratamos de inculcar. Los talleres tienen un efecto y es que hacen que el periodista llegue con ímpetu a las salas de redacción, el taller los excita, los vuelve más críticos y llegan con ganas de cambiar las cosas. A los maestros y a mí nos ha tocado escuchar en los talleres los desahogos de miles de periodistas de todos los medios y países, muchos de ellos talentosos, todos bien intencionados. Muchos, la mayoría, se quejan de sus jefes y editores. Por ello, el llamado más sincero que podemos hacer ante los líderes de las empresas periodísticas, es que ganarían mucho si sitúan en un lugar más alto de sus prioridades el aprovechamiento del capital intelectual y el entusiasmo de sus periodistas. Para ello deben escucharlos, respetar su dignidad, comprender su necesidad de autonomía e incentivar mediante oportunidades de formación y capacitación continuas.

La noción de dignidad se extiende a la remuneración, porque si bien la plata no es lo que mueve o retiene a los buenos periodistas, los malos salarios y la carencia de presupuesto para salir por las noticias sí son un camino seguro para el mal periodismo y la corrupción.

Nos proponemos trabajar mas con los editores, apuntando al objetivo, que a todos nos interesa, de búsqueda de la calidad periodística, la cual depende de potenciar las posibilidades de trabajo en equipo y el desempeño individual, en la medida en que en la estructura de cada medio de comunicación estén claramente definidos y se apliquen seriamente las políticas editoriales, se definan canales de autoridad claros en la redacción, haya buenas reuniones de planeación editorial y existan los métodos de control de calidad y evaluación de lo publicado. La ética individual del periodista necesita el respaldo de una ética corporativa de la empresa con transparencia, normas ciertas y guías claras.

Los periodistas como trabajadores intelectuales de mentalidad independiente, requieren, para dar lo mejor de sí mismos, de un ambiente empresarial y de un contexto social en que se que respire con libertad y se busque la transparencia que hoy reclamamos a todo tipo de organizaciones publicas y privadas.

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Diretor da Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI)

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