Terça-feira, 25 de Junho de 2019
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº1043
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CADERNO DA CIDADANIA >

O crime que faz tremer um país

Por Maite Rico em 19/05/2009 na edição 538

Dura apenas 18 minutos, pero ese vídeo sobrecogedor ha generado la peor crisis política de la democracia guatemalteca. Sus ecos resuenan por todo el planeta. ‘Buenas tardes, me llamo Rodrigo Rosenberg Marzano, y lamentablemente, si usted está viendo u oyendo este mensaje, es porque fui asesinado’. Y sí, cuando el mundo vio la grabación, el lunes pasado, ese hombre moreno y encorbatado era un cadáver con tres balazos, uno de ellos en su frente despejada. Lo habían matado la víspera, mientras paseaba en bicicleta, convencido de que era inútil pretender escapar al destino. Un destino, auguró, que había sido sentenciado por el presidente de la República, Álvaro Colom, y su círculo más cercano.

Quienes lo conocían dicen que Rosenberg había sido siempre algo fatalista, un rasgo que desentonaba en ese catedrático de 47 años, brillante y vital, graduado en Cambridge y Harvard y con una fama inmejorable. A Rosenberg le desesperaba ver a Guatemala secuestrada por el crimen organizado y la corrupción. Luchaba por adecentar el país que iban a heredar sus cuatro hijos.

Su vida dio un vuelco el 14 de abril, cuando cuatro sujetos acribillaron a Khalil Musa, un empresario del sector textil, y a su hija, Marjorie. Los Musa eran clientes suyos. Y nadie en su entorno oculta que Rodrigo, divorciado dos veces, estaba enamorado de Marjorie. Rosenberg se lanzó a investigar. Se negaba a que sus amigos fueran ‘una estadística más’ en ese 98% de asesinatos impunes.

‘Estaba convencido de que lo iban a matar’. El periodista Mario David García, presentador del programa Hablando Claro, de Emisoras Unidas, recibió la visita de Rosenberg el miércoles 6 de mayo. ‘Me entregó un documento para que lo difundiera si algo le pasaba. Le dije que no tenía sentido que yo lo leyera. Entonces propuso que lo grabáramos, en audio y en vídeo. Volvió al día siguiente, a las 17.30. Monté mi cámara casera en un trípode, y Rodrigo me ayudó a poner como fondo un viejo cobertor azul que uso para proteger la fotocopiadora. Yo pensé que iba a leer el texto, pero lo deja de lado y empieza a hablar como se ve: no hay un solo corte. Es mente y corazón en acción’.

Lista de ‘conspiradores’

En esa grabación estremecedora, Rosenberg explica que la raíz del triple asesinato (el de los Musa y el suyo propio) está en una trama de corrupción en Banrural, entidad mixta que maneja cuantiosos recursos del Estado. El presidente Colom y su secretario privado, Gustavo Alejos, habían invocado el ‘buen nombre’ de Musa para pedirle que se incorporase sin sueldo a la junta directiva de Banrural, y el empresario había aceptado sin imaginar que estaba siendo utilizado en una pugna entre dos bandos que utilizaban el banco para ‘sus negocios ilegales’, entre otros la financiación de ‘los proyectos fantasma de la señora del presidente y el lavado de dinero del narcotráfico de Gregorio Valdez [constructor, financiador de Colom y uno de los grandes contratistas del Estado]’. Según Rosenberg, Valdez y Alejos habían amenazado con ‘cerrarle la boca’. Dice tener pruebas, pero no se fía, como nadie en Guatemala, de un sistema judicial calamitoso.

García hizo una copia del DVD y le dio el original al abogado. ‘Le insté a que cambiara de estrategia, que acudiera a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en Washington, y aireara el caso para protegerse. Quedamos para el lunes a mediodía. Le dije que trajera pruebas documentales, porque sus acusaciones eran muy fuertes. El domingo me desperté con la noticia de su asesinato. Y yo tenía una brasa en las manos’.

El lunes, tras una reunión de urgencia, Emisoras Unidas y los tres principales diarios deciden difundir conjuntamente el vídeo. En el funeral, el empresario Luis Mendizábal, amigo de Rosenberg, reparte copias del DVD que le había entregado el abogado. El país se paraliza. Los servidores de Internet se colapsan. Más allá de las acusaciones, el vídeo de Rosenberg es un llamamiento conmovedor a la movilización ciudadana. ‘No tengo complejo de héroe ni deseo de morir. Pero no podemos seguir igual, viendo cómo están acabando con Guatemala los narcotraficantes, los asesinos y los ladrones’.

Acorralado, el socialdemócrata Colom ha tachado el vídeo de montaje y ha señalado a Mario David García, que fue relacionado con una intentona golpista en los ochenta, y a Mendizábal, asesor en temas de seguridad de varios Gobiernos. La lista de ‘conspiradores’ incluye desde el opositor Partido Patriota hasta narcotraficantes y militares de la vieja guardia.

Crimes de impacto

Lejos de funcionarle, esta estrategia ha tenido un efecto bumerán. Los intentos de desviar el tiro y cuestionar a la propia víctima han indignado a una opinión pública saturada de corrupción y violencia. La presión para que el presidente dimita amenaza con generar una crisis institucional. ‘Para salir limpio de la crisis, Colom debe dejar de respaldarse tras el fantasma de un plan maquiavélico desestabilizador con el que ya aburre’, señalaba el escritor Méndez Vides en El Periódico. ‘El Gobierno tiene que admitir que algo malo ocurre en casa y estar dispuesto a levantar muebles y alfombras hasta dar con quienes ordenaron el crimen’.

Tampoco ha ayudado la airada salida de la primera dama: ‘Es la palabra de un fallecido contra la mía’, ha dicho Sandra Torres, una mujer impositiva a la que sus detractores consideran el poder detrás del trono. Torres ha concentrado en sus manos los programas de ayudas sociales del Gobierno, que maneja, dice la oposición, con gran opacidad. ‘Reparte a troche y moche, en plan Evita, porque quiere suceder al marido en la presidencia’, comenta una analista que pide el anonimato. ‘Una reedición de los Kirchner’.

La fiscalía y la comisión designada por la ONU para apoyar a Guatemala en la lucha contra la impunidad (Cicig) no desechan ninguna hipótesis: desde el entorno de Rosenberg hasta el equipo de Colom, o que un tercero conociera la existencia del vídeo y aprovechara para matar al abogado y dar un golpe contundente al Gobierno, como ha ocurrido en otros crímenes de alto impacto en los últimos años. La presencia de la Cicig es la última esperanza de que, esta vez sí, se dé con los asesinos. Mientras, Rosenberg se ha convertido ya en un héroe para millones de conciudadanos.

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Do El País

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