Segunda-feira, 22 de Outubro de 2018
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº1009
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“A web é só a ponta do iceberg de algo muito maior”

Por Juan Aurelio Arévalo em 29/10/2012 na edição 718

Rosental C. Alves, en 1983, ya tenía una computadora portátil. Cuatro años después escuchó al profesor Andrew Lippman pronunciar la expresión “revolución digital” en Harvard y supo que ese era el camino. Luego creó una web para brokers de la Bolsa de Valores de Río de Janeiro y en 1995 lanzó el portal electrónico del “Jornal do Brasil”. Estuvo en nuestro país y dio una conferencia en la Universidad de Lima.

¿Se considera un visionario?

Rosental Calmon Alves – Sonaría pretencioso que yo mismo me considere así. Pero creo que soy un preocupado del futuro del periodismo. Algunos me llaman visionario, otros exagerado. Soy optimista. Quiero llamar la atención sobre las dimensiones revolucionarias de lo que está pasando.

Usted vio nacer esta revolución en los ochenta. ¡Es del siglo pasado!

R.C.A. – Es importante que resaltes que empezó hace décadas. Los que me llaman exagerado me dicen que no es una revolución, es una evolución. Yo digo que las revoluciones son largas y están hechas de muchos procesos. Estamos en algo gigantesco que no es solo Internet. La web es la punta del iceberg de algo más grande. Para comparar tienes que ver la consolidación de la palabra escrita en Grecia antigua y saltar a Gutenberg, que es la revolución más parecida con lo que está pasando ahora. Y después la revolución industrial. Cada uno de esos episodios marcó el inicio de una nueva era de información y conocimiento. Nosotros estamos en el comienzo de una era distinta.

A Usted también lo llaman gurú, pero creo que es un gurú con más preguntas que respuestas…

R.C.A. – Absolutamente. No hay respuestas definitivas, es un mundo nuevo. La peor actitud en un momento de cambio es seguir proyectando el presente.

¿Cuál ha sido el mayor logro del periodismo en esta revolución?

R.C.A. – Hay más lectores. Yo no conozco ningún periódico que tenga más lectores en el papel que on line. El alcance es una cosa espectacular aunque menos rentable. La revolución digital abrió fronteras que todavía no entendemos mucho…

¿Como cuáles?

R.C.A. – La conversación. La primera reacción de los periodistas a las redes sociales fue similar a la que tuvieron con los blogs: no es serio, es una porquería. Pero después se dieron cuenta de que eran importantes. Otro tema es el big data, los datos. La combinación del periodismo de datos con el ‘open government’ da una oportunidad fantástica.

¿Y los retrocesos?

R.C.A. – La lenta, gradual e inexorable destrucción de los modelos de negocios que existían en el papel. Hay un efecto en la publicidad que va a ser muy negativo para empresas periodísticas. No está pasando aquí, ahora, no pasará mañana, pero algún día. El no entendimiento de cómo funciona Internet ha causado una exageración en la rapidez con que la información es transmitida. Una prisa que es enemiga de la perfección. Lo otro es la impresión de que nadie lee. Sí leemos y cuando nos enganchamos, queremos leer más.

Ahora que hay una abundancia de voces, ¿qué tanta importancia le dan los lectores a la verdad?

R.C.A. – Es muy importante. El periodismo está basado en un código deontológico, en una ética y un proceso cuya esencia es la búsqueda de la verdad. Hoy todo el mundo tiene voz. Todos pueden cometer actos de periodismo. El mundo está lleno de cosas que parecen periodismo, pero no lo son. Lo que va a distinguir al periodismo va a ser la disciplina de la verificación. No creo en el fin del periodismo, creo en una era brillante porque cada vez se volverá más necesario tener esa voz profesional, confiable, basada en principios éticos. La búsqueda de la verdad debe ser mucho más transparente. No estamos más en una comunicación vertical, es horizontal.

La importancia de la marca es fundamental entonces…

R.C.A. – Las marcas que tienen credibilidad llevan una ventaja. Desde y cuando las marcas, las compañías entiendan el nuevo mundo y participen del nuevo mundo con las nuevas reglas. Que hablen el lenguaje de este nuevo mundo. En Estados Unidos hay un claro fenómeno de que las grandes marcas de ese nuevo mundo son nuevas: Google, Apple, Yahoo, Facebook. Pero para el periodismo ninguna de estas marcas está generando el periodismo que la prensa tradicional continúa generando. Es muy importante que las marcas se reubiquen, redefinan y reinventen.

La importancia de las marcas quedó en evidencia con Wikileaks. Era una organización con acceso una gran cantidad de información, pero recurrieron a marcas, a periódicos a medios impresos…

R.C.A. – Wikileaks es un tema muy complicado, pero puedo decir que una de las cosas que Julian Assange hizo mejor fue entender que Wikileaks solo no iba a tener la repercusión que tuvo. Y dos: solo periodistas profesionales podían hacer el trabajo de investigación, poner las cosas dentro de un contexto deontológico que daría credibilidad a las nota. Por eso buscó a grandes periódicos y los periódicos hicieron un trabajo periodísticamente brillante. Wikileaks es muy confuso porque es producto de esta revolución. El hecho de tener un sistema para recibir denuncias anónimas es una muestra de ellos. Pero lo que pasó con ellos fue más un accidente. Tu denuncias un hecho, pero ellos terminaron desnudando toda la política exterior de una potencia mundial.

Otro tema que cobra vigencia en la actualidad es la conducta en las redes sociales. Cada vez se hace más evidente que las opiniones de los periodistas no siempre coinciden con el medio en el que trabajan. ¿Cómo se debe tratar esta situación?

R.C.A. – Con total transparencia. Los periódicos, las empresas y los periodistas deben conversar sobre eso y establecer reglas claras.

Tolerancia y reglas claras…

R.C.A. – Y sentido común. Tengo algunos amigos que dicen: el código de participación de periodista en redes sociales es el sentido común. No vas a decir cosas que no dirías en tu vida pública. Debes saber que todo lo que pones ahí tiene tu nombre y está la relación de tu nombre con tu marca.

¿Cuál es la gran pregunta que lo sigue todo el tiempo?

R.C.A. –¿Cómo reinventar el periodismo? Yo creé el primer curso de periodismo on line en la Universidad de Texas y tuve que convencer a mis colegas que creían que era algo pasajero. Durante 10 años fui el único dando clases de eso. El año pasado pensé en enseñar periodismo para móviles o periodismo emprendedor. Escogí el segundo y ya tengo 3 semestres enseñando eso. Mi clase trata sobre aprender de las empresas de tecnología y poner en la cabeza del periodista la necesidad de ser emprendedor. En la cultura de los Star Top del Silicon Valley se equivocan mucho. Los ‘venture capitalists’ ponen dinero: el 95% fracasa, pero el 5% paga todo y más. Esa mentalidad no existe en el periodismo. Fuimos educados basados en reciclar buenas prácticas, en lo que funcionó para otra generaciones. La industria se está achicando y hay que repensar. Usar los medios nuevos, crear un lenguaje nuevo. Esa es mi pasión ahora.

¿Y qué pasaría si un día despierta y no hay Internet? Internet dejó de existir. ¿Cómo sería su vida?

R.C.A. – Muy triste y me sentiría muy burro. Es muy interesante entender lo que significa la revolución digital. En la revolución industrial extendíamos nuestros músculos. Era fuerza para andar más rápido y cargar más. En la revolución digital estamos extendiendo nuestra mente, nuestra inteligencia. No solo el conocimiento per se, es una extensión de la mente. Todos tenemos una cosa en nuestro bolsillo que seguimos insistiendo en llamarlo teléfono. Es una poderosa computadora. Es una extensión de nuestra mente. Es difícil convencer a mis niños que son pequeños que ese es un teléfono y es para hablar. Estamos usando partes de nuestro cerebro que nunca habíamos utilizado. Y los más jóvenes vienen usando partes que mi generación no tenía. Ese es el grado de profundidad de esto.

***

[Juan Aurelio Arévalo, do El Comercio]

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