Domingo, 19 de Novembro de 2017
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº966

E-NOTíCIAS > LA VANGUARDIA

Carles Esteban

23/01/2006 na edição 365

‘El pasado día 12 de enero y en la sección Vivir se ofrecía en una página destacada la noticia de un incendio ocurrido en una vivienda del barrio de Sants que costó la vida a una mujer de 77 años. La crónica presentaba una descripción del luctuoso suceso y hacia el final de la información se incluían algunas apreciaciones negativas sobre el aspecto y la vida que, según algunos vecinos, llevaban la mujer fallecida y su hijo, que fue quien pidió socorro desde el balcón cuando se produjo el incendio que costó la vida a su madre. También se recogían otras opiniones que consideraban que madre e hijo ‘eran unas personas muy correctas que no han dado nunca problemas’.

Dos lectores, ambos familiares de la mujer, han remitido sendas cartas protestando por las consideraciones – que a su juicio afectaban al buen nombre de la víctima- que los reporteros reproducían sobre el aspecto y la vida de la mujer que perdió la vida en el trágico incidente. El suscriptor Ronald Schröder escribe: ‘Expreso mi más enérgica queja por cómo trataron ustedes a mi tía (…) No consideramos lógico llenar una página completa sobre lo sucedido, como si de un famoso se tratara, y tampoco que publiquen los nombres de los afectados (…) Es en el último párrafo del artículo donde se difama y calumnia, se atenta al honor, se mancha el buen nombre de la familia y se relatan cuestiones que nada tienen que ver con lo acaecido. Es evidente que dicho artículo se publicó sin el rigor, respeto y ética exigibles a un diario serio (…) Y sin contrastar o cotejar las informaciones u opiniones vertidas por algún vecino malintencionado’.

El otro lector, Raul Schröder, señala: ‘Nada tengo que objetar a que se informe de los sucesos que ocurren, pero en este largo y desconsiderado artículo entiendo que se ha cometido un atropello a la víctima y especialmente a la familia, al dar nombres y apellidos de la víctima y de su hijo’. Y añade: ‘Soy asiduo lector de su diario desde hace muchos años, al que considero siempre respetuoso y prudente. Por ello desearía ver rápidamente una rectificación y disculpa por su parte’.

Ante estas dos sentidas misivas, el subdirector de La Vanguardia Jordi Juan señala: ‘La queja de la familia de Mercè Baviera está fundamentada, por lo que pido mis más sinceras disculpas. La Vanguardia siempre intenta ofrecer a sus lectores el máximo de información contrastada y mostrar un respeto absoluto hacia las personas, mucho más cuando se trata de víctimas. Todos los periodistas de esta redacción se rigen por ese código, que, en ocasiones, es vulnerado involuntariamente bien sea por exceso de celo, por prisas o por fallos en los mecanismos de control interno que tiene el diario. Ésta ha sido una de esas ocasiones. Los comentarios que han irritado a la familia de la señora Baviera, de cuyo cuidado se encargaba personalmente su hijo Marc, que resultó herido en el incendio, afectaban a la vida privada de las dos víctimas y fueron realizados por vecinos. Eran comentarios que jamás debieron ser publicados, entre otras cosas porque en casi todos los sucesos siempre hay testigos, o supuestos conocidos, capaces de lanzar acusaciones o insinuaciones infundadas. Mucho nos tememos que podemos estar ante un caso de este tipo, por lo que reiteramos nuestras disculpas a la familia de la víctima’.

MALENTENDIDOS RELIGIOSOS. El responsable de la información religiosa, Oriol Domingo, se refería en una crónica del pasado domingo a las jornadas de oración por la unidad de los cristianos que se celebran cada año en la tercera semana de enero. El lector Pedro Puigvert, pastor evangélico de Corbera de Llobregat, escribe a propósito de una frase de dicha información sobre los actos previstos el día 18 en la catedral de Barcelona, que, según aseguraba el texto, iba a contar con la asistencia ‘al más alto nivel jerárquico’ de representantes de las Iglesias católica, evangélica y ortodoxa. Dice el lector: ‘Con el objetivo de superar malentendidos, quiero informarle de que si bien el más alto nivel jerárquico de la Iglesia católica lo ostenta el arzobispo de Barcelona y otro tanto es posible en la Iglesia ortodoxa, en la Iglesia evangélica no hay niveles jerárquicos porque cada comunidad local tiene su propio liderazgo y no existe nada parecido a una jerarquía de orden o de jurisdicción como en el catolicismo. El representante evangélico que asistió a dicho acto se representaba a símismo y a lo sumo a su comunidad local, pero no es el representante jerárquico de la Iglesia evangélica en Barcelona ni en ninguna otra parte. Como vengo insistiendo hace años, los redactores de noticias de religión deberían tener en cuenta que no pueden trasladar el lenguaje y las formas propias de su concepción católica a otras confesiones cristianas.

El autor de la información, Oriol Domingo, responde a esta argumentación: ‘Pedro Puigvert, quien me consta sigue con atención la información religiosa de La Vanguardia,tiene razón. La alusión al ´más alto nivel jerárquico´ de la celebración ecuménica en Barcelona ha de referirse sólo a la Iglesia católica y a la Iglesia ortodoxa. El pastor Puigvert argumenta, con razón, que en la Iglesia evangélica no hay niveles jerárquicos. Precisamente pensando en este hecho, en la información se dejó constancia expresa de que todas las celebraciones ecuménicas son siempre muy descentralizadas. Y es evidente que el representante de la Iglesia evangélica que participó en dicho acto se representaba a símismo y a lo sumo a su comunidad local. Información y diálogo son las vías para superar malentendidos’.

En un reciente artículo del Defensor del Lector ya tuve ocasión de referirme a la necesaria sensibilidad que deberíamos mostrar los periodistas hacia las diferentes confesiones cristianas (en general, hacia todas las confesiones), que durante tanto tiempo sufrieron una notable invisibilidad en nuestro país. Hacía referencia entonces a la confusión en un titular que catalogó como una misa un oficio religioso luterano celebrado en Noruega y decía que la misa era una celebración católica. El lector Vítor Broto escribe para realizar una precisión interesante y dice ‘no estar seguro de que la misa sea una celebración solamente católica. El Diccionario de la Real Academia Española de la lengua la define como la celebración de la eucaristía, y, según algunas fuentes consultadas, la eucaristía es aceptada por no sólo los católicos, sino también por los ortodoxos o los anglicanos entre otros’. El lector tiene razón, hubo una omisión en mi respuesta, ya que tanto anglicanos como ortodoxos celebran la eucaristía.’

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