Sábado, 23 de Março de 2019
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº1029
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El País

03/02/2009

KENNEDY E SULZBERGER
David Alandete

Fin de un calvario absurdo

‘El calvario de Caroline Kennedy no acabó el día de la toma de posesión de Barack Obama, cuando anunció que retiraba su candidatura a ocupar el escaño de Hillary Clinton en el Senado. Entonces comenzaron las suposiciones y los rumores. Se dijo que no había satisfecho ciertas deudas con el fisco, que había contratado a una empleada de hogar sin papeles, y, en la más dura modalidad de descalificación, que mantenía un romance extramarital con el editor del diario The New York Times, Arthur Sulzberger.

Durante días, la prensa del corazón especuló sobre esta supuesta aventura, buscó fotos, pistas y testigos. Sin fortuna alguna. Hasta que, finalmente, ayer, el tabloide The New York Post dictó sentencia: ‘Caroline Kennedy es inocente’. Lo que sorprende es que a este veredicto se llegó por un desmentido de uno de los diarios más respetados de EE UU: el mismo The New York Times. Una portavoz del Times dijo al periodista Richard Johnson, del Post: ‘El señor Sulzberger no tiene ni ha tenido jamás una relación romántica con la señora Kennedy’.

Caroline, hija de John F. Kennedy (1917-1963), está casada desde 1986 con un diseñador, Edwin Schlossberg, y es madre de tres hijos. Intentó, brevemente, entrar en la escena política nacional heredando el escaño de Clinton, pero los medios -el Times entre ellos- la consideraron poco cualificada después de una ronda de entrevistas en la que repitió indiscriminadamente expresiones como ‘o sea’ o ‘¿sabes?’.

El futuro político de la benjamina del clan Kennedy no ha quedado anulado, sin embargo. Diarios como The Washington Post hablan de un posible ‘premio de consolación’ para la hija del malogrado presidente. Hay quien habla de un puesto de embajadora de asuntos educativos en la ONU. La prensa británica, mientras, no ha parado de jugar con la idea de que acabe como embajadora en Londres, un puesto que ya ocupó su propio abuelo, Joseph Kennedy, entre 1938 y 1940. Al fin y al cabo, Kennedy cuenta con dos grandes activos para poder llegar lejos: un nombre respetado en la aristocracia política de EE UU y una fuerte amistad con el presidente Obama.’

 

 

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