Segunda-feira, 25 de Setembro de 2017
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº958

JORNAL DE DEBATES > LA VANGUARDIA

Carles Esteban

17/04/2006 na edição 377

‘El derecho a la propia imagen es un asunto claramente delimitado en la legislación de los países democráticos. Y es, por definición, un derecho inalienable. Ocurre sin embargo que en la frenética actividad cotidiana de los medios de comunicación, a veces sin pretenderlo, se roza peligrosamente la delgada línea que separa el derecho a la propia imagen y el derecho a la información. En las redacciones estamos acostumbrados a trabajar con fotos de actualidad en las que los protagonistas, especialmente si son políticos, profesionales del espectáculo, deportistas o simplemente famosos – esa nueva especie, muchas veces sin oficio o habilidades conocidas, que alimenta el morbo en los programas dedicados al chismorreo- están encantados de que se utilice su imagen. Pero hay casos diferentes. Como el que le ocurrió a Marta Olivé cuando su imagen apareció en un reportaje publicado el 7 de abril en la sección Vivir ilustrando la crónica semanal que cada viernes escribe Manuel Trallero. Dicho texto se acompañaba de una fotografía en la que aparecía una mujer que pedía limosna con un niño en brazos y una mujer que pasaba junta a ella.

Marta Olivé escribe, a propósito de esta foto: ‘A la señora que pide limosna no se le ve la cara y al crío tampoco. Ahora bien, la señora que pasa por el lado y que se ve de cuerpo entero y de frente sí es reconocible. Pues bien, esa señora soy yo y maldita la gracia que me hizo verme en esa foto. Les voy a contar por qué: he recibido múltiples llamadas de familiares, amigos y clientes afirmando que me han visto en la prensa. Me han bombardeado a llamadas. Si el artículo hablaba de la utilización de niños pidiendo limosna ¿por qué me sacaron a mí?’ Y añade: ‘La foto tiene cierta mala uva ya que parece que mire con desprecio a la señora del niño. Y, ¿saben una cosa? En múltiples ocasiones he hablado con ella y le he comprado alimentos. Pero eso es cosa mía. En fin, ¿alguien podría aclararme por qué se utilizó mi imagen y por qué yo tengo que aguantar esto?’

La fotógrafa Ana Jiménez, autora de la instantánea, señala que ‘cuando realizamos nuestro trabajo intentamos que las personas que no tienen relación directa con el hecho noticioso no adquieran protagonismo. La foto que tomé era horizontal y además de la persona que pedía limosna, el niño y la señora que aparece en la foto que finalmente fue publicada, había más gente y otros elementos, más paisaje. Al publicar la foto vertical y modificar el formato original, la señora adquirió un protagonismo que nunca quise darle. Capté el hecho noticioso, pero al cortar la foto quedó en un plano demasiado importante una persona que no tenía nada que ver con el asunto. Lo siento profundamente. En el futuro deberemos extremar las precauciones para que hechos como éste no vuelvan a suceder’.

El redactor jefe de la sección Vivir, Albert Gimeno, dice que ‘la elección de dicha fotografía se produjo porque era la mejor imagen que teníamos para ilustrar el tema. El formato de la página nos obligó a utilizar un corte vertical de la fotografía y no el horizontal original. El foco principal de la fotografía está sobre la señora que pide limosna mientras que la señora que mira la escena está en segundo plano, aunque de frente y perfectamente reconocible. En el artículo en ningún momento se mencionó a la persona que miraba la escena a que se refería la noticia’.

Son explicaciones que detallan cómo se llegó a esta situación que tanto ha incomodado a Marta Olivé, pero creo necesario que en nuestro trabajo diario en la redacción tomemos conciencia de que publicar fotografías donde aparecen personas anónimas, sin su consentimiento, es una vulneración del derecho a la propia imagen y que por tanto deberíamos ser extremadamente cuidadosos. No es la primera vez que se ha producido un hecho desagradable al respecto. Me viene a la memoria una extraordinaria fotografía de uno de los primeros controles de alcoholemia que se realizaron en las calles de Barcelona, hace ya algunos años. En dicha foto aparecía claramente identificable un hombre joven soplando en el alcoholímetro, que se quejó por aparecer en las páginas del diario. Pese a sus quejas, en varias ocasiones a lo largo de los meses siguientes, la fotografía volvió a publicarse, como recurso de archivo cuando se abordaba el tema de los controles de alcoholemia. Al final, tanto despropósito motivó que dicha fotografía fuera descatalogada del archivo informático de La Vanguardia para que nunca más volviera a ser utilizada por alguien que no estuviera al corriente de los antecedentes. Además de pedir disculpas a Marta Olivé, espero que el caso no vuelva a repetirse.

Cartas de los lectores

Una de las secciones que en todas las encuestas internas que se realizan para seguir las preferencias de nuestros lectores siempre aparece entre las más leídas es la dedicada a publicar las opiniones de los propios lectores. Periódicamente, el Defensor del Lector recibe quejas y comunicaciones por parte de lectores ocasionales, habituales o suscriptores que escriben cartas a esta sección y nunca las ven publicadas.

Cartas de los lectores es una sección fija que se publica cada día en las páginas de Opinión. Los responsables de la selección señalan: ‘Nos gustaría poder disponer del espacio suficiente para que todos aquellos que nos escriben vieran cumplida su expectativa de ver publicada su reflexión en La Vanguardia.Lamentablemente estamos muy lejos de poder conseguirlo. Las cartas de los lectores están ubicadas bajo el artículo que cada día se publica con el epígrafe de El runrún.Este espacio, que aparece de lunes a domingo, da para publicar entre ocho y diez cartas cada día’.

Y añaden: ‘Esta cifra nos obliga a seleccionar tan sólo un 5% aproximadamente de los textos que recibimos, ya que diariamente llegan entre 150 y 200 cartas por correo ordinario, fax y, mayormente, a través de correo electrónico. Todas son leídas, aunque una mayoría no supera la primera selección. Primero descartamos aquellas que no contienen todos los datos que solicitamos (nombre completo, dirección, teléfono y DNI), o que han sido enviadas a otros medios de comunicación. También las que no guardan las formas, por contener insultos o improperios y, finalmente, aquellas escritas por personas que ya han publicado recientemente. Por el contrario, destacamos aquellas relacionadas con la actualidad (política, social, cultural, deportiva, económica o local), y aquellas que comentan o responden a artículos o cartas publicados en el diario. Seleccionamos asimismo aquellas que aportan información al resto de los lectores. En líneas generales, procuramos que haya variedad en los temas tratados, así como la máxima pluralidad de opiniones. En este sentido aceptamos todas las críticas, pues somos conscientes de que las opiniones y distintas sensibilidades reflejadas en esta sección pueden no ser del gusto de todos los lectores. Sin embargo, éste pretende ser un espacio dedicado a todos los ciudadanos para que puedan expresarse con libertad, y para que siga cumpliéndose la máxima que escribió un lector: ´siempre nos quedarán las cartas en La Vanguardia´’.

Copa histórica

El Espanyol consiguió el pasado miércoles un hito histórico al proclamarse campeón de la Copa del Rey por cuarta vez en su historia. La lectora Cristina Fortó Fonthier se queja de un reportaje publicado en la sección de Deportes el pasado martes, 11 de abril, dentro del bloque informativo dedicado a la previa de la gran final que enfrentaba a Espanyol y Zaragoza. Dice la lectora: ‘Para encabezar la crónica referente a la final de Copa que se jugaba incluyeron una foto de archivo del año 1941. En ella aparecían dos equipos, entre ellos el Espanyol, con todos sus integrantes brazos en alto, saludando al estilo fascista (saludo obligado en esa época). Se podría haber elegido la celebración de la Copa del año 2000… Ningún acto humano es gratuito. Y la elección de esta foto tampoco lo es. Me parece desafortunada, inoportuna y, por qué no decirlo, maquiavélica’. El redactor jefe de la sección de Deportes, Dagoberto Escorcia, niega cualquier maquiavelismo y explica que dicho reportaje ‘figuraba como una información complementaria dentro del despliegue informativo previo a la final, y estaba basado en la figura de Alberto Martorell, portero del club entre 1933 y 1946, de casi 90 años de edad, que jugó la final de la Copa de 1941 que el Espanyol perdió contra el Valencia. Se trataba de recuperar la memoria histórica del club y nos pareció adecuado incluir esta foto, de la final de 1941, en la que Alberto Martorell aparece en la formación que disputó el partido’.’

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VOZ DOS OUVIDORES > LA VANGUARDIA

Carles Esteban

17/04/2006 na edição 377

‘El derecho a la propia imagen es un asunto claramente delimitado en la legislación de los países democráticos. Y es, por definición, un derecho inalienable. Ocurre sin embargo que en la frenética actividad cotidiana de los medios de comunicación, a veces sin pretenderlo, se roza peligrosamente la delgada línea que separa el derecho a la propia imagen y el derecho a la información. En las redacciones estamos acostumbrados a trabajar con fotos de actualidad en las que los protagonistas, especialmente si son políticos, profesionales del espectáculo, deportistas o simplemente famosos – esa nueva especie, muchas veces sin oficio o habilidades conocidas, que alimenta el morbo en los programas dedicados al chismorreo- están encantados de que se utilice su imagen. Pero hay casos diferentes. Como el que le ocurrió a Marta Olivé cuando su imagen apareció en un reportaje publicado el 7 de abril en la sección Vivir ilustrando la crónica semanal que cada viernes escribe Manuel Trallero. Dicho texto se acompañaba de una fotografía en la que aparecía una mujer que pedía limosna con un niño en brazos y una mujer que pasaba junta a ella.

Marta Olivé escribe, a propósito de esta foto: ‘A la señora que pide limosna no se le ve la cara y al crío tampoco. Ahora bien, la señora que pasa por el lado y que se ve de cuerpo entero y de frente sí es reconocible. Pues bien, esa señora soy yo y maldita la gracia que me hizo verme en esa foto. Les voy a contar por qué: he recibido múltiples llamadas de familiares, amigos y clientes afirmando que me han visto en la prensa. Me han bombardeado a llamadas. Si el artículo hablaba de la utilización de niños pidiendo limosna ¿por qué me sacaron a mí?’ Y añade: ‘La foto tiene cierta mala uva ya que parece que mire con desprecio a la señora del niño. Y, ¿saben una cosa? En múltiples ocasiones he hablado con ella y le he comprado alimentos. Pero eso es cosa mía. En fin, ¿alguien podría aclararme por qué se utilizó mi imagen y por qué yo tengo que aguantar esto?’

La fotógrafa Ana Jiménez, autora de la instantánea, señala que ‘cuando realizamos nuestro trabajo intentamos que las personas que no tienen relación directa con el hecho noticioso no adquieran protagonismo. La foto que tomé era horizontal y además de la persona que pedía limosna, el niño y la señora que aparece en la foto que finalmente fue publicada, había más gente y otros elementos, más paisaje. Al publicar la foto vertical y modificar el formato original, la señora adquirió un protagonismo que nunca quise darle. Capté el hecho noticioso, pero al cortar la foto quedó en un plano demasiado importante una persona que no tenía nada que ver con el asunto. Lo siento profundamente. En el futuro deberemos extremar las precauciones para que hechos como éste no vuelvan a suceder’.

El redactor jefe de la sección Vivir, Albert Gimeno, dice que ‘la elección de dicha fotografía se produjo porque era la mejor imagen que teníamos para ilustrar el tema. El formato de la página nos obligó a utilizar un corte vertical de la fotografía y no el horizontal original. El foco principal de la fotografía está sobre la señora que pide limosna mientras que la señora que mira la escena está en segundo plano, aunque de frente y perfectamente reconocible. En el artículo en ningún momento se mencionó a la persona que miraba la escena a que se refería la noticia’.

Son explicaciones que detallan cómo se llegó a esta situación que tanto ha incomodado a Marta Olivé, pero creo necesario que en nuestro trabajo diario en la redacción tomemos conciencia de que publicar fotografías donde aparecen personas anónimas, sin su consentimiento, es una vulneración del derecho a la propia imagen y que por tanto deberíamos ser extremadamente cuidadosos. No es la primera vez que se ha producido un hecho desagradable al respecto. Me viene a la memoria una extraordinaria fotografía de uno de los primeros controles de alcoholemia que se realizaron en las calles de Barcelona, hace ya algunos años. En dicha foto aparecía claramente identificable un hombre joven soplando en el alcoholímetro, que se quejó por aparecer en las páginas del diario. Pese a sus quejas, en varias ocasiones a lo largo de los meses siguientes, la fotografía volvió a publicarse, como recurso de archivo cuando se abordaba el tema de los controles de alcoholemia. Al final, tanto despropósito motivó que dicha fotografía fuera descatalogada del archivo informático de La Vanguardia para que nunca más volviera a ser utilizada por alguien que no estuviera al corriente de los antecedentes. Además de pedir disculpas a Marta Olivé, espero que el caso no vuelva a repetirse.

Cartas de los lectores

Una de las secciones que en todas las encuestas internas que se realizan para seguir las preferencias de nuestros lectores siempre aparece entre las más leídas es la dedicada a publicar las opiniones de los propios lectores. Periódicamente, el Defensor del Lector recibe quejas y comunicaciones por parte de lectores ocasionales, habituales o suscriptores que escriben cartas a esta sección y nunca las ven publicadas.

Cartas de los lectores es una sección fija que se publica cada día en las páginas de Opinión. Los responsables de la selección señalan: ‘Nos gustaría poder disponer del espacio suficiente para que todos aquellos que nos escriben vieran cumplida su expectativa de ver publicada su reflexión en La Vanguardia.Lamentablemente estamos muy lejos de poder conseguirlo. Las cartas de los lectores están ubicadas bajo el artículo que cada día se publica con el epígrafe de El runrún.Este espacio, que aparece de lunes a domingo, da para publicar entre ocho y diez cartas cada día’.

Y añaden: ‘Esta cifra nos obliga a seleccionar tan sólo un 5% aproximadamente de los textos que recibimos, ya que diariamente llegan entre 150 y 200 cartas por correo ordinario, fax y, mayormente, a través de correo electrónico. Todas son leídas, aunque una mayoría no supera la primera selección. Primero descartamos aquellas que no contienen todos los datos que solicitamos (nombre completo, dirección, teléfono y DNI), o que han sido enviadas a otros medios de comunicación. También las que no guardan las formas, por contener insultos o improperios y, finalmente, aquellas escritas por personas que ya han publicado recientemente. Por el contrario, destacamos aquellas relacionadas con la actualidad (política, social, cultural, deportiva, económica o local), y aquellas que comentan o responden a artículos o cartas publicados en el diario. Seleccionamos asimismo aquellas que aportan información al resto de los lectores. En líneas generales, procuramos que haya variedad en los temas tratados, así como la máxima pluralidad de opiniones. En este sentido aceptamos todas las críticas, pues somos conscientes de que las opiniones y distintas sensibilidades reflejadas en esta sección pueden no ser del gusto de todos los lectores. Sin embargo, éste pretende ser un espacio dedicado a todos los ciudadanos para que puedan expresarse con libertad, y para que siga cumpliéndose la máxima que escribió un lector: ´siempre nos quedarán las cartas en La Vanguardia´’.

Copa histórica

El Espanyol consiguió el pasado miércoles un hito histórico al proclamarse campeón de la Copa del Rey por cuarta vez en su historia. La lectora Cristina Fortó Fonthier se queja de un reportaje publicado en la sección de Deportes el pasado martes, 11 de abril, dentro del bloque informativo dedicado a la previa de la gran final que enfrentaba a Espanyol y Zaragoza. Dice la lectora: ‘Para encabezar la crónica referente a la final de Copa que se jugaba incluyeron una foto de archivo del año 1941. En ella aparecían dos equipos, entre ellos el Espanyol, con todos sus integrantes brazos en alto, saludando al estilo fascista (saludo obligado en esa época). Se podría haber elegido la celebración de la Copa del año 2000… Ningún acto humano es gratuito. Y la elección de esta foto tampoco lo es. Me parece desafortunada, inoportuna y, por qué no decirlo, maquiavélica’. El redactor jefe de la sección de Deportes, Dagoberto Escorcia, niega cualquier maquiavelismo y explica que dicho reportaje ‘figuraba como una información complementaria dentro del despliegue informativo previo a la final, y estaba basado en la figura de Alberto Martorell, portero del club entre 1933 y 1946, de casi 90 años de edad, que jugó la final de la Copa de 1941 que el Espanyol perdió contra el Valencia. Se trataba de recuperar la memoria histórica del club y nos pareció adecuado incluir esta foto, de la final de 1941, en la que Alberto Martorell aparece en la formación que disputó el partido’.’

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