Domingo, 24 de Setembro de 2017
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº958

JORNAL DE DEBATES > COPA DO MUNDO

Erro humano ou acerto inumano?

Por Eduardo Rodrigálvarez e Juan Morenilla em 01/07/2010 na edição 596

Cuando un árbitro se equivoca clamorosamente, el afectado estalla, pero el fútbol crece. Este es el pensamiento único de los organismos futbolísticos que siempre han hecho prevalecer la polémica sobre los criterios de la justicia. Una reversión ética según la cual la injusticia es más eficaz que la justicia y el error es más fecundo que el acierto. Los fallos manifiestos en los partidos Alemania-Inglaterra (un lanzamiento del inglés Lampard que botó dentro de la portería pero no fue concedido como gol) y Argentina-México (en el primer gol argentino Tévez estaba en fuera de juego) en el Mundial de Sudáfrica han reabierto una polémica hasta el momento estéril: la aversión del fútbol a corregir los errores humanos mediante la ayuda de elementos tecnológicos, a seguir defendiendo el factor humano pase lo que pase, a regatear el uso de la televisión para tomar o rectificar decisiones a pesar de que el fútbol mismo se nutre de millones y millones de euros de los derechos televisivos.


Bajo esa premisa, el mundo federativo del fútbol siempre ha sido reaccionario a cualquier cambio de normas y utilización de soportes tecnológicos que garanticen la equidad. Desde que corrió el primer balón -en China, según unos, en Inglaterra, según otros-, la única modificación tecnológica producida hasta ahora ha sido el pinganillo que coordina a los árbitros con sus jueces de línea. Más allá, la nada, a pesar de que la tecnología ha encontrado, lógicamente, muchas respuestas para resolver enredos como los producidos el domingo, por ejemplo, en esos dos partidos del Mundial: desde el uso de balones con chip a elementos como el Ojo de halcón, extendido ya con toda normalidad en el tenis y el ejemplo más claro de que las máquinas sí ayudan al arbitraje en muchas otras disciplinas, pero no en el deporte rey.


El pensamiento único opina que el factor humano está en el fútbol por encima de todo. Así ha evolucionado este deporte históricamente. Por eso nacieron las tandas de penaltis, por ejemplo, para evitar los partidos interminables que agotaban a los jugadores -las inventó un periodista gaditano en 1962, la UEFA se las apropió en 1971 y en 1982 se aplicaron ya en un Mundial-. Por lo tanto, sostienen los jerarcas del fútbol, el error humano forma parte del juego. Si puede errar un futbolista, puede errar un árbitro, y ni siquiera la aplicación de la tecnología sería la panacea: una misma jugada, incluso vista en vídeo, puede deparar múltiples interpretaciones.


‘En cualquier caso, la Comisión de la FIFA se reúne tres veces al año y en todos los encuentros este tema es el principal del orden del día’, afirma Iñaki Sáez, ex seleccionador español y miembro de dicha comisión. ‘Además, Beckenbauer siempre nos recuerda el famoso gol del inglés Hurst en la final del Mundial 66…’. Un gol, por cierto, que no se pudo comprobar técnicamente que no había entrado hasta 1995, a velocidad de fútbol.


Cuando esos errores se han incrementado, la respuesta de los organismos rectores del fútbol, como la UEFA y la FIFA, ha sido ampliar la nómina de árbitros que vigilan un encuentro, ‘algo que debería ser obligatorio en una competición como un Mundial, pero que no puede ser universal, por su coste’, añade Sáez. Hasta seis se han concentrado la última temporada en los partidos de la Liga Europa: el árbitro principal, dos asistentes, dos jueces de portería y el cuarto árbitro en la banda. Pero el resultado no ha variado: los errores con seis árbitros no se han corregido, sino que se ha elevado el número de culpables.


Ouvidos moucos


El pasado mes de marzo, la IFAB (el organismo que decide sobre las normas futbolísticas), integrada por la federación internacional (FIFA) y las cuatro asociaciones británicas, zanjó el tema de un plumazo. Joseph Blatter, presidente de la FIFA, aportó siete razones para no utilizar la tecnología para subsanar los errores humanos: la universalidad del juego -el fútbol, dicen, debe jugarse del mismo modo en un pueblo pequeño que de modo profesional-, su simplicidad, el factor humano, la pasión de la discusión que generan los incidentes, el coste económico de implantar la tecnología, el riesgo de sustituir al árbitro por una máquina y el dinamismo del juego. Blatter no descubrió el Mediterráneo del fútbol, solamente siguió la corriente.


La FIFA desestimó la implantación de chips en el balón que transmitiera una señal al árbitro cuando traspasaba la línea de gol porque no era del todo exacta ya que a veces el portero cubre con su cuerpo el balón e impide la señal. La utilización de monitores de vídeo por parte del cuarto árbitro no es un tema absolutamente descartado, según fuentes de la FIFA. Al contrario, es un debate recurrente, aunque en marzo se dijera no.


El vídeo, sin embargo, sí ha sido aprobado para la función sancionadora. Los comités de Competición pueden actuar de oficio amparándose en imágenes de televisión en casos de agresiones que el árbitro no ha percibido en el campo. Hasta ahí llega la modernidad. Ni siquiera la medición del tiempo de juego utiliza más tecnología que un cronómetro y lo juzga el árbitro a su modo y manera. ‘Es un deporte humano’, recordaba Michel Platini, presidente de la UEFA, antes del Mundial, ‘y como humano debe tener aciertos y errores’.


Muchos jugadores y entrenadores, en cambio, piden una ayuda tecnológica. Michel, que sufrió la no concesión de un gol legal frente a Brasil en el Mundial de 1986, similar al que padeció el domingo Lampard con Inglaterra, no quiere entrar en análisis ‘porque es un tema recurrente, que surge cada dos o cuatro años, y los que tienen que tomar decisiones no las toman’. ‘Nosotros, los jugadores y entrenadores, no tenemos nada que hacer’, explica el ahora técnico del Getafe.


FIFpro, el sindicato internacional de futbolistas, también reclamó ayer en un comunicado ‘que se introduzca inmediatamente la tecnología en la línea de gol’ y que se experimente con el ‘sistema de repetición de imágenes, para ver si es posible aplicarlo a otras situaciones del juego’. Hasta el primer ministro británico, David Cameron, se unió ayer al debate: ‘El uso de la tecnología puede ser una ayuda. Soy gran seguidor del críquet y el tenis, y creo que las máquinas han sido una ayuda en Wimbledon. Tal vez esto sea algo que el fútbol puede ahora considerar’. No parece que la FIFA le vaya a escuchar.


‘Razões de segurança’


El riesgo de rearbitrar los partidos también ha sido uno de los argumentos utilizados por Michel Platini. En definitiva, el fútbol no ha cambiado ni un ápice a pesar de que el mundo ha dado mil vueltas desde que se creó en el siglo XIX el primer reglamento futbolístico.


El fútbol adquirió su primer nivel de relevancia cuando la galaxia Gutenberg lo llevó a los periódicos. El segundo empujón se lo dio la radio. Pero la galaxia del fútbol se expandió con la televisión, que le dio los millones de euros -o dólares-, y los espectadores que necesitaba para expandirse por todo el mundo. El fútbol le dio una vuelta a la máxima del despotismo ilustrado, Todo para el pueblo, pero sin el pueblo, y resolvió Todo para la televisión, pero sin la televisión. El problema es que no ha medido la influencia de la televisión. A los cinco minutos de producirse el gol nada fantasma de Inglaterra, el vídeo ya estaba colgado en todos los servidores de Internet. El árbitro ya había sido sacrificado y la pasión excesiva, a la que se apela, linda a veces con el riesgo de incidentes. Los límites entre la pasión y el conflicto son muy delgados. La televisión podría ahorrar conflictos.


La FIFA, mientras, volvió a dar esquinazo al problema. Todo el estadio, incluidos jugadores, entrenadores y árbitros, pudieron ver por la pantalla gigante del Soccer City cómo Tévez había marcado en fuera de juego para Argentina contra México. Pero las normas impiden cambiar una decisión mediante el uso de imágenes, incluso a sabiendas de que ha sido injusta e ilegal. Para evitar problemas, la FIFA dijo ayer que ha tomado medidas ‘para que esto no vuelva a suceder’. Pero en lugar de solucionar el problema, lo ha camuflado. Si las imágenes muestran una jugada polémica, fuera imágenes. ‘Una de las instrucciones que les dimos a los responsables del programa de entretenimiento que se ofrece por las pantallas es que se podían repetir jugadas, pero no acciones conflictivas. Es por razones de seguridad. Seremos más estrictos para que no se repita’, indicó un portavoz de la FIFA, encogido de hombros ante la contradicción de que en el estadio haya 32 cámaras de televisión pero ninguna se utilice para mejorar el arbitraje. En la era tecnológica, el fútbol es el papiro y Dunga, seleccionador brasileño, su profeta: ‘Con la tecnología, los periodistas y los entrenadores, al paro’. El fútbol, a lo suyo.

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