Segunda-feira, 25 de Setembro de 2017
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº958

PRIMEIRAS EDIçõES > EL PAÍS

Camilo Valdecantos

Por lgarcia em 12/06/2002 na edição 176

EL PAÍS

"Fútbol-nación", copyright El País, 9/6/02


"Mundial 2002. Efervescencia internacional que esta competición, cada cuatro años, adereza con el temible ingrediente nacionalista calentando las calderas.

La identificación de los ciudadanos con su selección va mucho mas allá de la que en cada liga muestra el hincha hacia su equipo favorito.

Todas estas cosas deben estar muy estudiadas por distintas ramas de la Psicología y la Sociología, pero aquí no estamos para triscar por vericuetos científicos, sino para hacer saber a los lectores que, con esa pantalla de fondo, la crónica que John Carlin firmó desde Sapporo (Japón) el pasado día 5 sobre el partido Italia-Ecuador ha levantado un maremoto de protestas entre lectores ecuatorianos.

La numerosa presencia de ecuatorianos en nuestro país e Internet han contribuido a que, tanto el Defensor como la sección de Deportes del periódico hayan recibido un centenar largo de cartas de tono muy distinto, pero todas con el mismo fondo: entienden que la crónica era ofensiva y humillante, no para la selección ecuatoriana, sino para Ecuador y para sus ciudadanos.

Así se ha planteado el binomio fútbol-nación, o fútbol-honor nacional, o como quiera que se denomine a la cuestión.

Las frases más citadas y que han producido la irritación de los lectores fueron éstas: ??Qué hacían esos jugadores [los ecuatorianos] en el mismo campo, en la misma competición que una selección italiana con gente de la talla de Totti, Festa y Maldini…??. ?Lo más extraordinario del caso es cómo Ecuador quedó segunda, tras Argentina y por delante de Brasil, en el grupo suramericano de clasificación para el Mundial. Obliga a repensar la ortodoxia según la cual se juega al fútbol mejor en América Latina que en África. O, al menos, a matizarla?.

Carlin ha enviado una nota desde Japón en la que dice: ?Lamento haber herido la sensibilidad de muchos ecuatorianos con mi crónica del partido de fútbol entre su selección y la italiana. Con las licencias propias de este género periodístico, sólo traté de reflejar en ella la superioridad de un equipo sobre otro. Y, en todo caso, mis comentarios únicamente se referían a lo ocurrido dentro del campo y a sus protagonistas, nunca a sus aficionados, y menos a un país entero?.

El Defensor está convencido de esa intención y poco puede decir ante la dureza de una crítica, sea de fútbol o de cualquier otra manifestación, deportiva o artística. Se incluyen muchas veces expresiones muy ácidas para censurar una actuación.Por supuesto que nunca deben ser injuriosas, y lo único razonable en esto del fútbol entre selecciones nacionales es apelar a la mesura.

En los estadios suenan los himnos nacionales, flamean las banderas; todo va un poco -o un mucho- más allá del simple partido. Un cierto freno ante esa realidad puede evitar sensaciones no queridas, pero, al parecer, y por ahora, inevitables.

Y sigue el Mundial dando que hablar a los lectores, pero con algo muy distinto: el martes día 4, en la sección de Deportes, se publicó una información con el título ?Los horarios y las transmisiones de pago reducen la audiencia?.

Piratear

Allí se contaban los avatares que han de afrontar los telespectadores europeos y americanos para ver los partidos, dada la diferencia horaria con Japón y Corea, y se daba información sobre las lógicas restricciones impuestas por los que ostentan la exclusiva de la retransmisión.

Se informaba también de cómo determinados espectadores, a través de determinado satélite, pueden captar la señal de algunas televisiones europeas que retransmiten el Mundial.

Hasta aquí nada que objetar, pero el último párrafo de la información estaba dedicado a contar ?un último recurso? para contemplar los partidos: ?el del pirateo?.

Es cierto que esa posibilidad se apuntaba sólo para un número de usuarios muy restringido, con un determinado abono, pero el problema no es de número, sino de fondo.

Luis Rueda, Juan Alberto Parreira y Santiago Navajas se han dirigido al Defensor para transmitir su protesta, en tono muy enérgico, por lo que consideran un atropello a la legalidad.

Los tres hacen referencia al hecho de que la empresa editora de este periódico tenga intereses en Canal Satélite Digital, que no emite el Mundial, y apuntan, más o menos explícitamente, a formas de competencia desleal.

No hay tal propósito. Lo asegura la dirección del periódico, que es la primera en deplorar abiertamente que el malhadado párrafo pudiese colarse sin control final.

Pero es que, además, este periódico, como no podía ser de otra forma, está contra cualquier forma de piratería, informática o audiovisual, y las ha denunciado en muchas informaciones.

Rosario García Gómez y Carlos Arribas, autores del texto, han asegurado al Defensor: ?Es evidente que estamos en contra de la piratería. Nuestro objetivo era denunciar una situación ilícita y nunca alentar prácticas ilegales. Tampoco tuvimos en cuenta que las nuevas tarjetas de los descodificadores son inviolables y no se pueden manipular. Una vez publicado, nos dimos cuenta de que, más que una denuncia, la información podía inducir a ver la televisión de una forma delictiva. Un error que lamentamos?.

Delito es, tipificado en el Código Penal, el uso fraudulento de señales de televisión codificadas, y sólo cabe pedir disculpas por haber incluido aquel párrafo, escrito en tono irónico, en el que se decía, expresamente, que el método que se comentaba ?está prohibido?, pero que, finalmente, llegó a los lectores.

Nunca debió ocurrir."

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