Quarta-feira, 12 de Dezembro de 2018
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº1017
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Josep Maria Casasús

Por lgarcia em 17/10/2001 na edição 143

LA VANGUARDIA

"Confusiones léxicas con las armas biológicas", copyright La Vanguardia,14/10/01

"Algunas palabras relacionadas con la guerra biológica han causado errores, equívocos o incorrecciones en informaciones publicadas durante estas semanas de tensión mundial. Un coadyuvante de estos fallos periodísticos se produce en el proceso de traducción de vocablos científicos del inglés al castellano.

En algunas circunstancias de uso de fuentes documentales escritas en lengua inglesa se ha optado en La Vanguardia por mantener el término en el idioma original. Uno de estos casos llamó la atención del lector Lluís Puig, dermatólogo. Se dirigió al defensor mediante el correo electrónico para formular la siguiente consulta: ?En la revista de prensa del 1 de octubre se menciona un artículo de Time donde no se ha traducido anthrax (castellano: carbunco) y smallpox (castellano: viruela). ?Existe alguna justificación para mantener la versión inglesa??.

La norma es que se traduzcan estos términos, y que se traduzcan bien. Con la traducción de términos científicos en los medios de comunicación se corren riesgos, evidentemente, sobre todo cuando las enfermedades y los agentes que las causan se traducen en armas biológicas. Algunos lectores han puesto el dedo en la llaga. Alejandro Aris lo hizo en una carta abierta dirigida al director (publicada el pasado 2 de octubre, página 28) y Mercè Piqueras, bióloga, en una carta enviada al defensor del lector.

Expone Piqueras: ?El artículo de Xavier Mas de Xaxàs titulado ?Los americanos temen el bioterrorismo? (27 de septiembre) puede confundir en cuanto a la naturaleza de las armas biológicas. Por una parte se habla de ?antrax o cualquier otro agente bioquímico?, de ?antrax, un gas mortal contra el que poco pueden hacer dos pastillas…? y de ?Ken Alibek, inventor del antrax más poderoso del mundo??.

Esta misma lectora puntualiza y reprueba: ?Aparte de cuestiones ortográficas (para la RAE, la palabra ?ántrax? es llana, no aguda), el artículo contiene varios errores conceptuales que conviene aclarar. Se está usando la palabra ?antrax? para designar a la enfermedad que en castellano se conoce como ?carbunco? (?carboncle? en catalán). La confusión se produce porque en inglés y en castellano existen los términos semejantes (anthrax/ántrax y carbuncle/carbunco) aunque con el significado cruzado. Es decir, la enfermedad que en inglés se conoce como ?anthrax? es nuestro ?carbunco?, mientras que el ?carbuncle? del inglés es nuestro ?ántrax??.

Son dos enfermedades muy distintas. Lo explica Mercè Piqueras: ?El ántrax es una infección cutánea causada por estafilococos (bacterias habituales en la piel), que se localiza preferentemente en el cogote y en la espalda, como una acumulación de forúnculos. El carbunco, en cambio, es una enfermedad grave causada por la bacteria ?Bacillus anthracis?, frecuente en los suelos, y que afecta a las personas y a algunos animales, principalmente al ganado bovino y al ganado ovino?.

Otros datos de aquella misma información llamaron la atención de Piqueras. Añade en su carta: ?También se informa de la posible fabricación de ?20 toneladas de viruela?, que estarían almacenadas en varias bases y de las cuales podrían haberse vendido varias partidas en el mercado negro?. Añade la lectora: ??Fabricar y almacenar? 20 toneladas de viruela debe de ser tan difícil como fabricar y almacenar una cantidad equivalente de gripe o gastroenteritis?.

Requiero una explicación al corresponsal de La Vanguardia en Washington, Xavier Mas de Xaxàs, autor del texto objetado. Admite la confusión cometida con las enfermedades y reconoce lo siguiente: ?Decir que Rusia ha producido 20 toneladas de viruela es una simplificación. Lo correcto hubiera sido decir que ha producido 20 toneladas de un agente bioquímico capaz de contagiar la viruela,= agente que, evidentemente, se ha desarrollado a partir de las cepas del virus de la viruela que conservan los rusos?.

Algunas simplificaciones son arriesgadas. No puede delegarse en el lector la tarea de interpretar unos datos distorsionados por elipsis excesivas o sobreentendidos confusos. Por otra parte, el léxico científico tiene que ser inequívoco. Es explicable, sin embargo, la confusión entre el ?anthrax? inglés y el ?ántrax? castellano. He hablado del caso con Ricard Guerrero, catedrático de Microbiología en la Universitat de Barcelona. Entiende que la terminología científica puede cambiar con el tiempo para armonizarla entre distintas lenguas, pero que es necesario utilizarla correctamente mientras no haya un acuerdo sobre ella entre los expertos.

El influjo del inglés suele sospecharse cuando se advierten en los textos nuevos tratamientos sintácticos inexplicables. Es el caso concreto de la supresión del artículo ?el? o ?la? ante el nombre de algunos países que suelen llevarlo.

La lectora Josefina Mestre, en una comunicación que contenía otras observaciones, me citó los ejemplos de la India o el Congo que en La Vanguardia ha visto convertidos simplemente en India o Congo. Pregunta si se ha cambiado alguna regla gramatical o si es por una influencia anglosajona.

La sección de Edición del diario, a la que he planteado esta cuestión, explica que estos artículos determinados ante el topónimo del país responden a un antiguo uso de cariz colonial. Algunos países ya han perdido el artículo (nadie dice el Canadá) y otros alternan ambas formas. En aras de la unidad de criterio, los artículos han sido eliminados excepto en los casos en que forman parte del nombre oficial (El Salvador). La práctica periodística también contribuye a la evolución del lenguaje."

    
    
                     

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