Segunda-feira, 18 de Dezembro de 2017
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº970

PRIMEIRAS EDIçõES > LA VANGUARDIA

Josep Maria Casasús

Por lgarcia em 19/12/2001 na edição 152

LA VANGUARDIA

"El anillo argumental no venía al dedo", copyright La Vanguardia,16/12/2001

"Un recuadro sobre ?El señor de los anillos?, firmado por M.Bach, en la página 48 (sección de Cultura) de La Vanguardia del domingo 2 de diciembre, ha motivado quejas formuladas por teléfono, carta electrónica y correo postal. Son protestas fundamentadas.

La lectora Carme Estruch fue de las primeras personas que conversaron telefónicamente con el defensor del lector para quejarse de que el argumento condensado en aquella pieza periodística era totalmente contrario al que se desarrolla en la obra ?El señor de los anillos?, escrita por el profesor J.R.R. Tolkien (1892-1973), publicada en 1955 y traducida a más de cuarenta idiomas.

El lector Jaume de Marcos envió al defensor una carta en la que expone lo siguiente: ?Me ha llenado de perplejidad leer la sinopsis de la novela ?El señor de los anillos? firmada por M. Bach. El redactor confunde por completo el argumento y demuestra no haberse leído, no ya la obra entera, sino ni tan siquiera sus cien primeras páginas, y pese a ello se dedica con arrojo admirable a la tarea de explicarnos de qué va la novela?.

Esas son las razones de este lector: ?En efecto, M. Bach nos explica que el ?hobbit? Frodo recibe el encargo de partir ?en busca del anillo que da el poder absoluto? por encargo del mago Gandalf y ?hacerse con el codiciado anillo que salvará a su pueblo?. Sin embargo… aunque acierta en los personajes, el argumento es totalmente el contrario: Frodo ya tiene el anillo en su poder, aunque sin conocer su potencial destructor, y lo que hace el mago Gandalf es encomendarle la tarea de destruirlo para salvar, no sólo a su pueblo, sino a toda la Tierra Media?.

Han llegado desde entonces al defensor del lector de La Vanguardia más protestas de personas que han leído la citada novela, ?obra fundacional del género de espada y brujería?, según la definía Salvador Llopart en el texto principal de aquella información elaborada oportunamente a propósito del próximo estreno de la primera entrega de una prometedora trilogía cinematográfica.

Pedí explicaciones a la sección. Me comunican que el autor de este texto infausto, Mauricio Bach, colaborador habitual del diario, reconoce su yerro y se explica en los siguientes términos: ?Tiene toda la razón el lector. En mi defensa (que poca tengo en este caso) sólo puedo decir que como había que hacer el texto a toda prisa me fié de mi recuerdo de la lectura del libro, que leí en mi adolescencia. Utilicé la edición que tengo en casa -la primera española- para comprobar la fecha de publicación aquí (aunque este dato se omitió al cortar el texto) y la grafía de los nombres propios, pero di por válido lo que recordaba ?la búsqueda del anillo en lugar de su destrucción, que también ansían las fuerzas oscuras-. Di por válido lo que creía recordar con toda claridad. El pecado ha sido pues fiarse de la memoria adolescente de uno?.

Es lógico que esta falta haya causado una notable reacción en los conocedores de esa obra, y es necesaria la enmienda pública por respeto a todos los lectores. ?El señor de los anillos?, cuya versión para cine se estrena el próximo miércoles día 19 de diciembre, es una novela de la que se han vendido en todo el mundo más de cien millones de ejemplares, muy conocida por sectores de población de diversas culturas y de diversas edades.

Las edades del hombre y de la mujer, y cómo ellas se clasifican por periodos, han sido objeto de observaciones recientes por parte de algunos lectores. Joan Font, de Barcelona, lamenta haber leído que se identificaba al protagonista de una información como ?un anciano de 60 años?, y que el pasado 3 de diciembre se aludiera, en la página 35, a ?una anciana de 71 años?.

Otro lector, Jaime Sierra, de Valencia, se quejó también de que en algunas informaciones de sucesos se especifica la condición de ?joven? cuando el aludido es el causante de un accidente mientras que se omiten referencias a la etapa de la vida cuando en el culpable no concurre la condición de joven.

Acudamos a alguna cita de autoridad. Una nota a pie de página escrita por el profesor Pere Villalba i Varneda en la edición catalana de la obra de Cicerón titulada ?Cato Maior. De Senectute? (Fundació Bernat Metge, Barcelona, 1998, pág. 82) sintetiza la clasificación que los clásicos latinos formularon sobre las edades de las personas.

Para los romanos, dice este experto, la ?pueritia? acababa a los 17 años; la ?adulescentia?, a los 30; la ?iuventus?, a los 46; la ?aetas seniorum?, a los 60; después, seguía la ?senectus? hasta los 80 años; a partir de entonces, uno estaba en ?aeta provectus?.

Herederos como somos de la esmerada tradición cultural grecolatina, esta clasificación puede servirnos de pauta y de guía, a pesar de que algunos sostengan que ahora la gente vive más años por término medio, que las personas tardan más en madurar, y que, en consecuencia, deben actualizarse las denominaciones de las diversas etapas de la vida de los seres humanos.

La prensa debería contribuir a esta renovación taxonómica y a no convertir la edad en un dato que fomente los prejuicios y, en definitiva, la discriminación humana.

El paso del tiempo no excusa errores de fechas. El deber de la precisión no distingue entre historia y actualidad. El lector Eduardo Palomar llamó el pasado martes para enmendar un pie de foto de La Vanguardia de aquel día (pág. 43). En ella aparece Unamuno a la salida de la Universidad de Salamanca, rodeado de falangistas, tras su enfrentamiento verbal con Millán Astray. La imagen es de 1936, pero no de noviembre, como reza el pie, sino del 12 de octubre."

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