Domingo, 19 de Novembro de 2017
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº966

PRIMEIRAS EDIçõES > LA VANGUARDIA

Josep Maria Casasús

Por lgarcia em 26/06/2002 na edição 178

LA VANGUARDIA

"Cómo llegó el ?imperio del color?" copyright La Vanguardia, 23/6/02

"La irrupción del color en las portadas de los diarios, a partir de los años ochenta del siglo XX, ha sido una de las novedades visuales más llamativas en el periodismo impreso. La prensa había estado dominada hasta entonces por el blanco y negro. La opción del color supuso superar prejuicios arraigados en las culturas profesional y empresarial de la comunicación.

?La Vanguardia? rompió el fuego el 3 de octubre de 1989 con la implantación del cambio de diseño preparado desde 1987. En los primeros meses la introducción del color en la portada se hizo con ciertas reservas. Sólo se ponía color en dos elementos de la cabecera: el logotipo del nombre del diario y las letras del título situado sobre esta cabecera.

La primera incursión aquí en las soluciones de cuatricromía aplicadas a ilustraciones en portada se hizo con un cuadro de Van Gogh que fue noticia porque había conseguido una marca de cotización en una subasta. ??Por qué no se daba color antes?? y ??por qué se introdujo tan tímidamente??, me preguntó hace días el lector Juan Ramírez, de Valencia, interesado por el diseño al igual que otros lectores que me llamaron a propósito de la crónica del pasado 2 de junio.

El uso del color en prensa se pudo plantear como un recurso informativo sólido cuando las prestaciones de la impresión de diarios mejoraron, en este orden de cosas, con la experimentación de nuevas generaciones de rotativas offset. Estas máquinas aseguraron un proceso rápido de tratamiento de las fotos en color y de impresión de calidad en cuatricromía. Sin embargo, también frenaban la edición en color ciertas reticencias ideológicas y estéticas que han afectado a la prensa y al cine de la modernidad.

Durante años, en la mentalidad profesional, y no tanto en el público, se asoció la oferta en blanco y negro del cine y la prensa diaria a valores metacomunicativos de sobriedad, moderación, credibilidad y solvencia.

Raíces remotas

Algunos indicios invitan a conjeturar que los orígenes históricos de aquel descrédito del color se remontan a la filosofía y a la estética del prerromanticismo. Los primeros divulgadores de los valores de las imágenes sin color fueron Joseph Addison, el gran periodista inglés de finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, y William Hogarth, pintor y tratadista del siglo XVIII, también inglés.

Addison en sus ?Placeres de la imaginación?, publicados en ?The Spectator? en 1712, y Hogarth en ?Analysis of Beauty? (1753) hicieron teoría del color a propósito del estilo ?sublime? (el gris y el negro) confrontado con el estilo ?pintoresco? (variedad de tintas y colores). Los dos tratadistas discrepaban. Addison anunciaba el imperio de una sobriedad de las imágenes basada en la uniformidad de tintas y en la ausencia de color. Hogarth pensaba lo contrario.

En definitiva, se impuso la doctrina de Addison. Éste influyó en Josuah Reynolds, teórico y práctico de la pintura denominada ?sublime?, contraria a la ?pintoresca?, y tributaria de una ?grandeza? iconográfica que este autor identificaba con las líneas continuas y largas, y con la renuncia al color o, por lo menos, con la uniformidad de color.

Las ideas de Addison y de Reynolds influyeron en la pintura y en la ilustración comunicativa de todo el romanticismo, y afloraron en algunos argumentos de la modernidad sobre el cine y sobre la prensa, incluso cuando técnicamente ya era posible el uso del color en estos medios de comunicación.

Durante años dominó este mito: la prensa y el cine ?serios? no debían dar color.

Recuperación colorista

Esta opción en favor del color por la que se inclinó ?La Vanguardia? desde octubre de 1989 estaba justificada por la calidad que ofrecía la nueva maquinaria, pero estaba inspirada también en un concepto estético y social.

Milton Glaser, el profesional neoyorquino que asesoró activamente la renovación del diseño en este diario, explicó que las soluciones propuestas para la portada (un azul intenso en el logotipo, la relevancia del blanco en los espacios del título principal, las notas de color en otras ?llamadas? y la ilustración en cuatricromía) eran propias de una genuina sensibilidad mediterránea.

Esta valoración sensible y emocional del color (Glaser tal vez pensaba en la obra de Miró) ya había sido descrita por Josep Ferrater Mora en 1944. Este filósofo catalán escribió que el hombre mediterráneo ?muestra tal vez una cierta predilección por el colorido violento, pero ni el color ni la forma son realidades vacías? (?Les formes de vida catalana?, Ed. Selecta, 1972, pág. 50).

Los diarios popular-sensacionalistas consolidados en países anglosajones optaron pronto por el color, movidos por la idea de competir, en ese terreno, con la televisión. Pero el color ha entrado lentamente en los mejores diarios extranjeros de alcance internacional que se acogen al mismo modelo de ?La Vanguardia?. ?The New York Times? comenzó el 16 de octubre de 1997 a dar sistemáticamente fotos en color en su primera página. ?The Wall Street Journal? hizo lo propio a partir del 10 de abril del 2002.

El color ya está emancipado de prejuicios ideológicos. El diario digital es el primer medio de comunicación que ha nacido con el color puesto. Los lectores jóvenes, formados en el universo comunicativo de la prensa renovada, Internet y la televisión, acceden con naturalidad a los mensajes en color.

En ?Culturas?, el nuevo suplemento de ?La Vanguardia? de los miércoles, el color ha entrado también con naturalidad."

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