Sábado, 16 de Dezembro de 2017
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº970

PRIMEIRAS EDIçõES > LA VANGUARDIA

Josep Maria Casasús

Por lgarcia em 03/07/2002 na edição 179

LA VANGUARDIA

"Aún aparecen demasiadas erratas", copyright La Vanguardia, 30/6/02

"Son más resistentes las plagas de erratas que las de ratas?, me comenta un lector por teléfono (pide que no cite su nombre). Añade el lector para subrayar su afirmación: ?En el mundo desarrollado ha sido más fácil contener la proliferación de ratas en las ciudades que reducir el número de errores y erratas en los diarios?.

Es interesante esta opinión, pero lo cierto es que no se dispone todavía de estudios validados que demuestren que en los textos de la prensa actual aparecen más fallos que antes. Todas las hipótesis apuntan a lo contrario. La impresión dominante en medios universitarios especializados es que salían más erratas en los diarios de hace ochenta años, en plena etapa de expansión de la prensa de masas, entre los años 20 y 50 del siglo XX.

Dejemos muy claro que si se comprueban estas conjeturas el dato no debería alegarse como mérito o como excusa para los periodistas actuales. Todas las actividades profesionales han mejorado. La tasa de errores ha disminuido en todas ellas. En eso consiste el progreso. Malo sería registrar retrocesos.

El interés por señalar errores domina en algunos lectores que se dirigen al defensor. Uno de ellos me envía un comentario basado en un recorte de prensa que su hijo le trajo de Suiza. Decía este lector: ?La dirección del diario ?Le Temps? de Génova (sic) ha decidido sancionar con 4 euros de multa cada falta de ortografía, de nombres, de lugares o de sintaxis que cometan sus periodistas?.

Conozco esta noticia. La difundió la agencia AFP el pasado 4 de febrero. Se trató sólo de un toque de atención. Estaba previsto que únicamente se aplicara durante un mes. No llegó ni a eso: los representantes de la redacción se opusieron a esta medida que consideraron ?autoritaria y muy escolar?.

Es significativo, por otra parte, que el lector que aportó este caso para reforzar su queja por la abundancia de errores se equivocara a su vez al confundir Genève (Ginebra) con Génova. Por esta razón no doy su nombre, aunque en su carta me autoriza a ello.

Un lector puede equivocarse, pero tiene menos perdón que este tipo de errores aparezcan en la prensa. El pasado 8 de junio, en la página 13 de Vivir, en una pieza titulada ?El entrenador poeta? y firmada por Pier Giorgio M. Sandri, se aludía al entrenador del ?Bayern de Mónaco (sic)?. Es evidente que al traducir este texto se le escapó que Monaco es la denominación italiana de Munich. Es un error reprobable en un diario.

Esos lapsus, en cambio, resultan incluso simpáticos cuando se cuelan en la correspondencia. El 9 de febrero del 2002, por ejemplo, recibí una carta electrónica de queja de un lector que decía: ??Son ustedes un desastre! ?Acaso nadie corrige los textos? ?Qué les enseñan en las facultades de periodismo? No sirven para nada: los periodistas son unos ignorantes. ?Cómo es posible que hayan publicado que Gaudí nació en 1868 y no en 1968 como aclaran hoy!?. Al escribir la fecha en el encabezamiento de esta carta, dirigida al defensor, este lector tuvo a su vez un lapsus en el año: puso 2001 en lugar de 2002. Y se le escapó otro error, también enmendado a su vez en La Vanguardia al día siguiente: Gaudí nació en 1852.

Este lector, cuya identidad mantengo en secreto por razones obvias, tuvo la mala suerte de equivocarse en la fecha de encabezamiento de una carta de queja en la que precisamente él descalificaba a los periodistas de forma airada por un error de fecha.

El axioma de que toda persona comete errores en la vida cotidiana no excusa, por supuesto, los cometidos en el ejercicio periodístico. El error es humano pero no es profesional, ni en esa profesión ni en las otras.

Estos son, por cierto, rasgos que distinguen al profesional respecto de quien no lo es: la conciencia del rigor y la expiación del error.

Sancionar los errores con multas levantó ampollas en la redacción de ?Le Temps?. Una medida menos onerosa es la que me sugiere con toda la cordialidad del mundo el lector Julián López de Santa María Delgado, de Flix, a propósito de la confusión entre el condicional ?si no? y la conjunción adversativa ?sino?. En una carta fechada el pasado 12 de mayo me comunica que viene observando que este error se repite con gran frecuencia. Aporta un ejemplo extraído de La Vanguardia del día anterior.

Y formula esta sugerencia, con cierto sentido del humor: ?Considero que el Defensor del Lector debería disponer de la potestad de sancionar, en nombre de los lectores y de la Ortografía, estos errores, imponiendo a los culpables sanciones tales como escribir 500 veces frases del tipo: ?No fue sino tras larga consideración, y habiendo llegado a la conclusión de que aquella solución, si no la mejor, era la más viable, que el sino de los acontecimientos pudo por fin controlarse?.

Debemos reconocer que este lector ha imaginado un ejercicio expeditivo, pero tengo entendido que este tipo de correctivos ya no se aplica en las escuelas. Al parecer, este método no es pedagógicamente correcto.

Cabe mejorar, por supuesto, la enseñanza. Un editor reprochó a un catedrático por las faltas de ortografía que cometen los licenciados en Periodismo. El profesor contestó: ?Lo peor no es que salgan de las universidades con faltas de ortografía. Lo peor es que con fallos de ortografía entren en ellas?.

Un error conceptual notado por el lector Lluís Vicenç Ballester. Uri Geller, dice, puede ser vidente o ilusionista pero no parapsicólogo como se le identificó en un texto de agencia publicado el pasado día 16 (p.13, Vivir). Parapsicólogo es quien estudia ciertos fenómenos no el que los experimenta."

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