Sexta-feira, 25 de Maio de 2018
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº988
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VOZ DOS OUVIDORES > ‘EL PAÍS’

Tomàs Delclós

25/03/2014 na edição 791
“Un concepto inaceptable”, copyright El País, Madri (Espanha), 23/3/14

Un reproche habitual de lectores es por el empleo de términos que se consideran gramaticalmente incorrectos o, lo que plantea otro tipo de reflexión, conceptualmente inaceptables. En este último capítulo entran las cartas recibidas por el tratamiento de crímenes sexistas como “crímenes pasionales”. Aunque afortunadamente ha perdido vigencia, todavía he localizado su empleo en cuatro ocasiones durante el último año. Las últimas cartas recibidas lo son a propósito de la crónica Quién cree aún en Pistorius?. La expresión aparecía entre interrogantes como enumeración de tres hipótesis sobre lo sucedido que pueden manejar la fiscalía o la defensa del acusado. Una hipótesis que no sostenía la crónica, pero su enunciado para explicar lo que pudo ocurrir, lo utilice quien lo utilice, únicamente conduce a un enmascaramiento. El recurso a este concepto no es aceptable. Como explica la lectora V. Elías, se trata de una terminología propia de hace 20 años. “Nos está costando mucho avanzar en el reconocimiento y la lucha contra la elevadísima violencia de género que existe en nuestro país, y es un retroceso no llamar a las cosas por su nombre. El caso de Pistorius, si fuese culpable, no sería un crimen pasional, sería un asesinato en un contexto de violencia de género. Dudo que este medio se permitiese hablar con eufemismos de otros tipos de violencia con resultado de muerte”. Un argumento que se reproduce en la carta de Ana González. “Si un hombre mata a su pareja, no actúa la pasión, sino la certeza de que la vida de ésta le pertenece, y eso se llama machismo. Dejen de avalar el la maté porque era mía y llamen a las cosas por su nombre”. Para Blanca González, el uso de esta expresión traslada la tragedia de la violencia sexista al género de la telenovela.

Un criterio que debe respetarse escrupulosamente es el de no adjetivar este tipo de episodios de manera que puedan leerse como una justificación, más o menos implícita, de la agresión. Como escribía ya en 2008 la periodista Rosa Rodríguez Cárcela, se trata de un concepto difundido durante muchos años por los medios de comunicación, “un tratamiento informativo basado en una construcción social y educacional que condenaba a la mujer y justificaba, en ocasiones, a los hombres violentos. Toda una visión que tendía a culpabilizar a la víctima y eximir de responsabilidad a los homicidas (…) El concepto ha cambiado. No estamos ante un crimen pasional, sino ante la comisión de un grave delito, un asesinato cometido por la violencia machista de un hombre que piensa que la mujer es suya y que no puede ser de nadie más”.

Unas cifras particularmente negras muestran tristemente que este tipo de asesinatos se producen con una preocupante frecuencia. Lo explicaba esta misma semana, refiriéndose a España, el diario, en un texto titulado Una década de machismo: 658 asesinadas. Una semana en la que ha habido cuatro asesinatos machistas en 48 horas. En el texto se comentaba que quienes trabajan con las víctimas alertan de que la sociedad “no termina de tomar conciencia del problema”.

Otra carta, a propósito del mismo juicio, critica que se describa a la juez como “negra y diminuta”, por su connotación despectiva. Sin embargo, en el artículo, la condición física de la jueza se menciona para contraponerlo a la grandeza de su biografía y el que sea negra para desmentir que ello pueda influir en su juicio sobre un acusado “rico, famoso y blanco”. No hay nada despectivo en ello.

Otro orden de cuestiones, totalmente distintas a la citada, son los debates sobre el empleo de determinados términos y su corrección gramatical. Los errores ortográficos que periódicamente señalan los lectores, y que se producen con una frecuencia preocupante, acostumbro a reseñarlos en el blog. Pero algunos casos, por la acumulación de cartas, merecen un tratamiento más detenido. Es el caso de la decena de mensajes recibidos interrogándose o cuestionando el empleo en el diario del término “ucranio” en lugar de “ucraniano”. Es cierto, como señalan algunos lectores, que el Diccionario Panhispánico de Dudas, aceptando el uso de “ucranio”, recomienda el término “ucraniano”. “Esta es la forma inicialmente usada como gentilicio de este país europeo y sigue siendo mayoritaria en todo el ámbito hispánico; es, por ello, la forma recomendada”, dice. En algunos mensajes se sospecha que la adopción del otro término se debe únicamente a criterios utilitaristas: su mayor brevedad facilita la construcción de los titulares. Siendo ésta una razón, no es la única ni la principal. El Libro de Estilo del diario opta por “ucranio” y alega razones históricas sin más explicaciones. En el borrador de una próxima revisión del citado libro se dan más detalles de las razones que sustentan esta opción por parte del diario. Son tres: su mayor brevedad, su mayor antigüedad en español y su analogía con otros gentilicios de la zona. El citado texto explica que “ucranio” es anotado “por primera vez en un diccionario español (el de Gaspar y Roig) en 1855, obra que no incluye ‘ucraniano’. ‘Ucranio’ entra en el Diccionario académico en 1925, edición que no registra tampoco la voz ‘ucraniano’. Este segundo término no llega al léxico de la Academia hasta 1984. Pero en esa edición se sigue recomendando ‘ucranio’ frente a ‘ucraniano’, forma que sólo prevalece a partir de 1992 (sin invalidar la que en todo ese tiempo se vino recomendando en EL PAÍS). En resumen, ‘ucranio’ está en el diccionario oficial desde 1925; y ‘ucraniano’, desde 1984”. El texto recuerda que decimos “estonio” y no “estoniano”, “armenio” y no “armeniano”, etcétera. Ejemplos que ofrecen una analogía para este caso.

La opción del diario por determinados términos suscita debate

Otro tema, es el empleo de “paparazi” y no de “paparazzi”. Aunque el Libro de Estilo consagraba “paparazzi”, una corrección en un boletín interno optó en 2011 por “paparazi” y, en plural, “paparazis”. Las referencias académicas de cómo debe escribirse este término son contradictorias. El diccionario de la Academia establece “paparazzi” (“fotógrafos de prensa que se dedican a hacer fotografías a los famosos sin su permiso”). Sin embargo, el Diccionario Panhispánico de Dudas acepta “paparazi”, “adaptación gráfica propuesta para la voz italiana paparazzi, plural de paparazzo (…). En español se usa el plural etimológico para el singular, caso análogo al de otros italianismos como espagueti”.

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Tomàs Delclós é ombudsman do El País

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