Sábado, 25 de Novembro de 2017
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº967

MARCHA DO TEMPO > LA VANGUARDIA

Carles Esteban

09/01/2006 na edição 363

‘Hacer llegar un periódico cada día a su cita con los lectores es un trabajo de gran intensidad, en el que participan centenares de personas entre redactores, fotógrafos, diseñadores, ilustradores, colaboradores externos, corresponsales, técnicos informáticos y una compleja estructura industrial y de distribución. Los diarios de calidad, segmento en el que La Vanguardia lucha desde siempre por mantenerse en su quehacer diario, se han distinguido siempre por transmitir a los lectores una visión equilibrada de la realidad cotidiana, así como los elementos esenciales de reflexión que ayuden al lector a formarse su propia idea sobre los temas de actualidad. Pero tener buena información escrita o gráfica, presentarla de manera equilibrada y atractiva, contar con buenos analistas y disponer de una buena infraestructura tecnológica no es suficiente. A veces, fallos aparentemente menores, debidos al descuido, la desidia o simplemente a los errores humanos, pueden socavar el resultado de esa ingente tarea que consiste en hacer un periódico y sembrar la duda entre los lectores sobre la credibilidad del medio de comunicación. Los casos que se exponen a continuación no son lo que podrían denominarse fallos graves que afecten a la credibilidad general del periódico, pero nos muestran que es necesario mantener la guardia alta en todos los frentes ya que los lectores se muestran muy exigentes. Y casi siempre realizan reflexiones que todos cuantos participamos en la elaboración de La Vanguardia deberíamos tener muy presentes.

PERLAS NUMÉRICAS. ‘Las noticias numéricas en la prensa se prestan especialmente a los errores, por lo que es preciso ser cuidadoso con ellas para no publicar absurdos’, escribe el lector Manuel Alfonseca. Y a continuación nos ilustra con tres ejemplos que deberían mover a la reflexión sobre nuestro trabajo. El primero de ellos se refiere a las personas fallecidas en el largo puente de la Constitución. Al término de dicho periodo vacacional apareció el balance de víctimas y La Vanguardia incluía un titular que decía ‘Un 33 por ciento de los muertos no llevaba el cinturón de seguridad’. Dice el lector, que se dedica profesionalmente a la docencia, que utilizó esta noticia para hablar sobre estas cuestiones a sus alumnos: ‘A la pregunta ¿qué quieren que deduzcamos de esto? uno de mis alumnos más avispados respondió: ´Que no hay que ponerse el cinturón de seguridad, pues los muertos que sí lo llevaban son el doble´. Obviamente, les expliqué que, para que el dato tenga sentido, hace falta más información: ¿Cuántos conductores llevan (o no llevan) el cinturón de seguridad, independientemente de que se vean afectados por un accidente? ¿Cuántos conductores que sufrieron accidentes potencialmente mortales se salvaron por llevar el cinturón? ¿Existe alguna relación entre los conductores que no se ponen el cinturón y los que conducen con exceso de velocidad?’ En este caso, el lector no se queja de nada, simplemente realiza una interesante reflexión sobre la gran dificultad que entraña poner titulares periodísticos, que necesariamente deben ser concisos y destacar lo más importante de la noticia, cuando se trata de explicar realidades complejas.

El segundo caso que expone dicho lector se publicó en La Vanguardia del día 15 de diciembre, en la sección de Internacional. Era una noticia breve sobre el líder de la ultraderecha francesa titulado ‘Las ideas de Le Pen suman adeptos’. ‘De acuerdo con el texto, – observa el lector-, un 24% (de los franceses) están de acuerdo con ellas; un 39% las consideran inaceptables y un 43% las consideran excesivas. Total: 106%’. Era evidentemente una errata tipográfica que pasó inadvertida y no mereció una mención en la sección de fe de errores de días posteriores.

Finalmente, el tercer ejemplo que remite este lector fue publicado el mismo día y en la misma sección, y se trataba de un pequeño titular que decía textualmente: ‘15.000.000 de personas murieron en el 2005 en Rusia a causa de incendios domésticos’. El texto añadía que esa cifra era un 3,6% inferior a la del año anterior. ‘Es decir – señala el lector-, en dos años han muerto quemados en su casa más de 30 millones de rusos. Si las cosas siguen así, en muy pocos años todos los rusos habrán muerto a causa de incendios domésticos. Me pregunto cuántos ceros de más tenía la noticia’. En este caso, debe constar en acta que el error fue debido al formato predeterminado del recuadro, que está preparado por defecto para recibir cifras de ocho dígitos, y quien escribió la cifra correcta, que eran 15.000 personas muertas a causa de los incendios domésticos en Rusia, no se percató de que se añadían los tres ceros restantes. Hay que dejar constancia, en este caso, que el error fue detectado y corregido en la segunda edición del diario, en la que ya se ofrecía la cifra correcta.

MISA. La lectora Ana Griera, cristiana baptista y presidenta del Movimiento Ecuménico de Sabadell, se puso en contacto con esta oficina para llamar la atención sobre una incongruencia en un titular de la sección Gente de la edición del día 31 de diciembre que molestó a algunos lectores cristianos no católicos. El titular en cuestión decía ‘El príncipe Sverre, en la misa de Nochebuena’, y encabezaba una noticia que daba cuenta de la presentación en sociedad del hijo del príncipe Haakon de Noruega y su esposa Mette-Marit. Ana Griera se queja porque los príncipes noruegos – que son luteranos- y su hijo ‘no asistieron a una misa, que es una celebración religiosa específica del catolicismo, sino a un oficio religioso, que es lo que celebran las confesiones protestantes’. La lectora se queja con razón del titular que encabezaba esta noticia, ya que el propio texto decía correctamente que ambos príncipes había llevado a su hijo de tan sólo tres semanas ‘a un oficio religioso en la iglesia de Asker’. Ana Griera dice que la tradición católica de España y Catalunya impregna con demasiada frecuencia las noticias relacionadas con los asuntos religiosos, y pide que se tenga en cuenta que hay otras confesiones, con ritos diferenciados que merecen un trato respetuoso y específico.

SEMÁFORO. Cuidar los detalles es siempre uno de los grandes retos de la realización de un periódico. Y, desgraciadamente, a veces los pequeños detalles nos pierden. Es el caso que plantea el lector Pep Canals a propósito de un semáforo verde otorgado en la edición del pasado 24 de diciembre al presidente de Port de Barcelona, Joaquim Coello, por los buenos resultados industriales y económicos de la entidad. Decía el texto del semáforo que ‘el Port de Barcelona vuelve a cerrar un ejercicio con buenos resultados y mejores expectativas. La entidad que preside Joaquim Coello (59) apunta unos beneficios de 54 millones de euros al término del presente año y un tráfico total acumulado sobre los 45 millones de euros’. En la información a que se refería este comentario, publicada en la sección de Economía, se daban las cifras correctas, que son un beneficio de 54 millones de euros y un tráfico cercano a los 45 millones de toneladas (y no de euros como decía el texto del semáforo). Una pequeña confusión que podría parecer intrascendente si no fuera porque se incluye en la sección del Semáforo, una de las más leídas, que aunque no es estrictamente un editorial, expresa la consideración positiva o negativa del periódico sobre la actuación de sus protagonistas.

En este primer contacto con los lectores del 2006, en el que La Vanguardia conmemora sus primeros 125 años de existencia, quiero agradecerles la atención con que siguen nuestro trabajo periodístico y su puntillosa exigencia en cuanto a la calidad de los contenidos. Si no fuera por ellos, algunos de los cuales pertenecen a generaciones fieles al diario, no sería posible la existencia de un diario de referencia, como quiere ser el nuestro, en la capital de Catalunya y abierto al mundo. Les animo desde aquí a seguir planteando ante esta oficina sus dudas y sugerencias, y sus quejas cuando crean que hay motivo para ello. Estamos a su servicio.’

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