Quinta-feira, 19 de Setembro de 2019
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº1055
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VOZ DOS OUVIDORES >

Josep M. Casasús

08/06/2004 na edição 280

‘En todos los conflictos armados, sobre algunas imágenes fotográficas recaen sospechas de manipulación intencionada, principalmente desde que se registran acelerados avances en el tratamiento informático de los productos visuales.

He dedicado un tiempo a investigar una denuncia del lector Eugeni Garreta, de Vilassar de Mar, contra la foto publicada en la primera página de la sección de Internacional del pasado 23 de abril. Se trata de la instantánea que inserto hoy en esta crónica.

El lector Garreta cuestionó la veracidad de esa fotografía. Lo hacía, de entrada, con esa pregunta: ‘Por favor, señor defensor del lector, ¿tendría la amabilidad de decirme a quién pertenece el brazo que empuña la pistola?’. Inicialmente, tras un primer examen visual, yo también compartí su duda. Me ocupé, pues, de este caso, no sólo por mi deber de defensa, al que atiendo siempre por principio, sino movido también por aquella primera incierta impresión personal.

En su carta, el lector Eugeni Garreta inquiría sustancialmente lo siguiente: ‘Únicamente falta saber si la manipulación se hizo en origen, y al montar la página nadie de ‘La Vanguardia’ se percató del gazapo, o por el contrario, alguien de ‘La Vanguardia’ redactó el pie de foto y, para ilustrarlo, colocó un brazo con reloj y pistola’. No fue así, por supuesto. Nadie en la redacción del diario manipuló esta imagen. De lo contrario, estaríamos ante una transgresión grave de las normas deontológicas del periodismo, comenzando por las primeras que deben aplicarse en ‘La Vanguardia’. Me refiero a las descritas en el Libro de Redacción de este diario.

Una de las reglas de este instrumento profesional prescribe lo siguiente: ‘Todo lo que suponga una distorsión de la realidad existente ante la cámara en el momento de tomar la fotografía es éticamente reprobable. ‘La Vanguardia’ tiene un compromiso de veracidad para con sus lectores que no puede ser traicionado bajo ningún concepto’.

He examinado la historia de esta foto desde que llegó a la redacción del diario. Puedo certificar que se publicó tal como entró desde la fuente proveedora, la agencia AP. Me aseguran que allí tampoco fue manipulada.

En estos casos debemos confiar en el crédito que tiene la fuente. El de la agencia AP está asegurado por muchos años de servicio.

Por otra parte, tendría poco sentido intencional que alguien manipulara esta foto cuando las situaciones de crispación adquieren en Iraq todos los días una magnitud que desborda, lamentablemente, los gestos registrados en esta instantánea del entierro de una de las víctimas de un atentado.

Pero, ¿por qué razón unos detalles de la visión de esta foto nos mueven a la sospecha inicial? Los expertos del diario con quienes he consultado la impresión que causa esta imagen me dan algunas explicaciones.

Resumo algunas de ellas. Un primer plano de una parte de la figura muy próxima al objetivo fotográfico puede causar el efecto óptico de acoplamiento de un elemento extraño a la realidad captada. En este caso el brazo parece desproporcionado con respecto a los cuerpos próximos a la cámara.

La reproducción de fotos digitalizadas también provoca a veces, como en este caso, la sensación de que las imágenes están superpuestas. Las siluetas dan una cierta falsa impresión de que están recortadas.

En la foto comentada en esta crónica de hoy, este efecto visual no sólo se produce con respecto al brazo que motiva la extrañeza de alguien que observe detalles de la imagen. También se extiende a las otras figuras y objetos. No es razonable sospechar que toda la composición está manipulada.

Sí que es razonable, sin embargo, que los lectores expresemos dudas y reservas en relación con el tratamiento periodístico dispensado en general a unos conflictos, como el de Iraq, integrados en una constelación de intereses políticos y económicos sinuosos y desconcertantes. La prensa necesita toques de atención, como el formulado aquí por el lector Eugeni Garreta; o como el del lector Marcel Coderch al comentarme que ‘The New York Times’ admitió que algunas fuentes les engañaron respecto a los pretextos para la invasión y ocupación de Iraq. En estas fuentes no bebió ‘La Vanguardia’.’

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