Quinta-feira, 21 de Setembro de 2017
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº958

VOZ DOS OUVIDORES > LA VANGUARDIA

Josep M. Casasús

22/03/2005 na edição 321

‘No discriminarás, rezan todas las normas y códigos del periodismo, desde los Principios Internacionales de Ética Profesional del Periodismo de la Unesco, aprobados en París en 1983, hasta el Estatuto de Redacción de La Vanguardia, que entró en vigor en el 2001.

Dentro de la noción de discriminación, el trato periodístico que se da a las diversas religiones es uno de los asuntos que motivan más cartas de protesta en todos los diarios del mundo. Sobre todo en aquellos países en que, como el nuestro, hay libertad de culto y libertad de prensa y de opinión.

Por esta razón en todos los códigos deontológicos de periodismo se alude expresamente al deber de no discriminar por motivos de creencias y prácticas religiosas.

Apesar de que el diccionario define como discriminar la acción de dar trato de inferioridad a una persona o a una colectividad, también el trato de superioridad se considera hoy discriminación. En este último caso se denomina discriminación positiva.

A ella aludieron dos lectoras que me llamaron para quejarse a propósito de trabajos publicados por La Vanguardia al inicio de esta Cuaresma. Consideran que a veces se practica en la prensa una discriminación negativa respecto de la religión católica.

La lectora Magda Castañer, de Arenys de Mar (Maresme, Barcelona), protestó por el espacio (dos páginas) y la valoración (apertura de la sección) otorgados en Vivir el pasado 21 de enero a la fiesta del cordero que celebró la comunidad islámica del Raval.

Me dijo esta lectora por teléfono: ‘De acuerdo en que debemos ayudar a los musulmanes, pero no nos pasemos. Al final les haremos tanta propaganda que terminaremos todos haciendo fiesta los viernes’.

En relación con este reportaje sobre la citada fiesta de los musulmanes también me telefoneó el mismo día el lector Josep Bachs Pujol. Su llamada iba en otro sentido. Acudió al defensor del lector no para reprochar el tratamiento dado al asunto, sino para señalar un error. En un recuadro se decía que la fiesta musulmana del sacrificio ‘se celebra a los 40 días del final del Ramadán’.

Este lector sostiene que el Ramadán había acabado hacía dos meses y diez días.

Unos carteles objetados

Otra lectora, Maria Teresa Lanfranco, que me llamó el pasado 29 de enero, también se quejó porque considera que los periodistas suelen dispensar un trato despectivo al catolicismo y ello contrasta con el trato de simpatía dado en general, según ella, al islamismo.

El motivo principal de su protesta era que en La Vanguardia de los días 26 y 31 de enero se insertó en unas informaciones un cartel del carnaval de Valls basado en un montaje paródico inspirado en la Santa Cena.

Este caso movió también al lector Alfonso García Torres a enviarme esta carta: ‘En varias ocasiones he leído ya en La Vanguardia referencias a la polémica sobre ciertos carteles de carnaval, polémica que se produce cada año en lo que parece un intento de las distintas poblaciones en ser más escandalosas que los vecinos y así llamar la atención de los medios de comunicación. La mayoría de esos carteles tienen un denominador común: hacer escarnio de la religión que profesamos alrededor del 80% de los españoles. Parece que La Vanguardia cae, año tras año, en la misma trampa. Lo peor es que, al informar de esas polémicas, se reproducen las imágenes de los carteles con lo que el éxito de la buscada provocación es rotundo. Trasciende el ámbito de la población para ser visto en toda Catalunya. Supongo que en este tipo de noticias entran en conflicto distintos derechos como es el de la libertad de información y el respeto a las creencias religiosas. Creo que en estos casos debe primar el respeto a las creencias religiosas de la mayoría de los españoles, y no se vulnera el derecho a la libertad de información si únicamente se relata la polémica sin publicar fotos’.

Entiendo que no es un conflicto de derechos, sino un difícil equilibrio entre el derecho a la información y el deber ético de evitar contenidos que entrañen trato despectivo contra una religión u otras creencias personales.

A veces llueve sobre mojado. El mismo día 26, en las páginas de programas de televisión aparecía este título de comentario de la película Fumata blanca: ‘Con la Iglesia hemos topado’. El lector Josep Gómez me llamó para quejarse porque esta frase, usada en aquel título con intención irónica, aparece en El Quijote cuando el protagonista y su escudero encuentran una iglesia cuando buscaban un alcázar, y no como una referencia crítica contra la Iglesia como institución.

En algunas de estas quejas los lectores reconocen, en cambio, el valor de las páginas de Religión de La Vanguardia, que incluyen todos los domingos un escrito del arzobispo.

LA RELIGIÓN es un ámbito de interés periodístico sobre el que tratan un número notable de otras protestas genéricas que he atendido recientemente en el correo electrónico.

El pasado 27 de enero, la lectora Anna Corbera me expuso varias quejas que, por abarcar distintas materias, he tratado también en otra de mis crónicas. Dice esta lectora: ‘Como católica descubro chapucillas en la información sobre textos del Vaticano o de la Conferencia Episcopal. Al leer el original dudo de si el periodista se lo ha leído o si lo que quiere es manipular la información’.

Resumo también la carta que me envió el lector Jordi Pérez Molina el pasado 25 de enero: ‘De un tiempo a esta parte observo una polarización en contra del hecho religioso y de muchos valores que están en las raíces de nuestra tierra catalana; en concreto, los valores cristianos y de la Iglesia católica. Pido la misma comprensión y respeto que hay en nuestra sociedad por el hecho musulmán, por las parejas gay y otros colectivos’.

A LA IGLESIA EVANGÉLICA no se la puede denominar evangelista, nos recuerda otra vez el lector Pedro Puigvert. Ahora ha sido por un texto publicado en La Vanguardia el pasado 24 de enero que aludía a ‘grupos evangelistas’ en lugar de ‘grupos evangélicos’. Razona su queja: ‘Si se tratara de la Iglesia católica, ¿escribirían ´grupos catolicistas´ o pondrían ´grupos católicos´?’. Tomemos todos buena nota de ello: periodistas, editores de estilo y este defensor incluido.’

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