Segunda-feira, 25 de Setembro de 2017
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº959

MURAL > EL PAÍS

Milagros Pérez de Oliva

20/07/2010 na edição 599

‘Núria Foj se llevó una muy desagradable sorpresa. Según explica a la Defensora, el domingo 11 de julio leyó la versión que la edición digital de EL PAÍS daba de la multitudinaria manifestación celebrada en Barcelona la tarde anterior en contra de los recortes que ha sufrido el Estatuto catalán. Había sido unánimemente considerada la mayor manifestación celebrada nunca en Cataluña, y sin embargo, la portada de la edición digital acotaba el número de manifestantes en ‘56.000, según las estimaciones de Lynce para Efe’. La cifra quedaba muy lejos de los 1,5 millones estimados por los organizadores y de los 1,2 millones de la Guardia Urbana. Y muy lejos también de los 445.000 que había calculado el propio diario, según podía leerse en su edición impresa. Ninguna de estas cifras aparecía en esa información. ¿Por qué, si el diario había hecho su propia estimación, daba por buena, como única cifra y destacada en el subtítulo, la facilitada por Efe, tan alejada además de la suya?

La cuestión no es menor, porque esa versión es la que podía consultarse desde cualquier parte del mundo y contrastaba con las versiones que habían dado otros medios, incluidos algunos extranjeros como la BBC, Der Spiegel o The Washington Post, cuyos enlaces me envió Núria Foj para que viera que todos ellos daban por buena la cifra de la Guardia Urbana. Durante toda la mañana fueron llegando cartas de protesta. Todas, menos una, eran de personas que habían asistido a la manifestación y todas encontraban ridícula la cifra de 56.000: ‘Es decir, ¿que toda la gente que asistió, entre los que me contaba, solo ocuparía la mitad de los asientos del campo del Barça? Floja entrada’, ironizaba Albert Costa. Para Ángels Cabello, la cifra chocaba con la evidencia de las imágenes que todos habían podido ver por televisión. Josep Serra, Josep Pomar y Ferriol Soria advertían del descrédito en que caía el diario, mientras Luis Ozores, Jorge García Santos, Lluís Riera Masgrau, Marc Capdevila o Pilar Botaya interpretaban el hecho de que se hubieran ocultado las otras estimaciones como una manipulación destinada a minimizar el impacto de la protesta.

Las manifestaciones se convocan para hacer una demostración pública de fuerza, por eso es tan importante el dato de participación. Cuando reúnen a unos pocos cientos o miles de personas, el recuento no ofrece problemas pero cuando supera el listón de las decenas de miles, el cómputo se complica, y no digamos si la cifra se eleva a cientos de miles. Convendrán conmigo que reunir a más de un millón de personas es algo muy, pero que muy difícil. Y sin embargo, varias veces nos hemos encontrado ya con recuentos que hablan de uno y hasta dos millones.Se trata de cifras evidentemente exageradas, fruto de una dinámica en la que los organizadores tienden a hinchar el número de asistentes y los interpelados, a minimizarlo. Para evitar la desinformación que esta guerra de cifras comporta, EL PAÍS decidió que ‘en las grandes manifestaciones, el periódico ofrecerá un cálculo propio, pero siempre explicando el mecanismo utilizado (preferentemente el espacio ocupado por los manifestantes, multiplicado por una media de personas por metro cuadrado)’. Y ‘aportar también los cálculos de los organizadores y la policía, a ser posible con la fórmula que han empleado’ (artículo 2.51 del Libro de Estilo).

Así se ha hecho en las grandes manifestaciones y así se hizo también en la de Barcelona. El subdirector Tomás Delclós explica el dispositivo: ‘La manifestación fue cubierta por cuatro fotógrafos y seis redactores, a los que se añadieron otros dos periodistas con la misión específica de delimitar, a partir de su propia observación y de los datos que les daban sus compañeros, el perímetro total y la densidad de cada zona. A las 19.30 disponíamos de un mapa con sus densidades, que oscilaban entre una y cuatro personas por metro cuadrado’.

¿Por qué, después de hacer este considerable esfuerzo, se puso en la portada de la edición digital la cifra de otra fuente, que resultó ser además la más baja de todas las estimaciones? Según las explicaciones proporcionadas por Jan Martínez Ahrens, subdirector de la edición dominical, y Borja Echevarría, subdirector de la edición digital, los hechos ocurrieron así: una vez cerrada la edición impresa, en la que figuraba el mapa elaborado por EL PAÍS y las demás estimaciones de participación, se encargó al equipo de guardia que estuviera atento a la cifra de participación que enviara Efe, para incorporarla.

Esta agencia ha acometido el loable esfuerzo de objetivar la cifra de asistentes, y para eso ha contratado los servicios de la empresa Lynce. Javier Tovar, responsable de la sección de Nacional de Efe, explicó a la Defensora que el cálculo se hace aplicando un sistema informático capaz de contar, uno por uno, los manifestantes que aparecen en fotografías de alta resolución obtenidas por medios aéreos. Este procedimiento se ha utilizado ya en 10 ocasiones, y en todos los casos sus conclusiones han sido objeto de polémica, pero Javier Tovar defiende el método y recuerda que Lynce ha explicado con detalle cómo ha obtenido su cifra, cosa que no han hecho ni los organizadores ni la Guardia Urbana.

La Guardia Urbana sí ha explicado a la Defensora el método que utilizó en la manifestación de Barcelona. Es muy parecido al utilizado por EL PAÍS, aunque no ha concretado las densidades dadas a cada zona. Visto el material proporcionado por Efe, la Defensora no reconoce en él la manifestación a la que ella misma asistió. Creo que el problema radica en que el recuento se hizo con imágenes tomadas a las 20.30, cuando la manifestación había sido ya disuelta. Por eso estima 0,7 participantes por metro cuadrado allí donde EL PAÍS estima dos o tres. Teniendo en cuenta que la concentración comenzó a formarse a las 17.30, a esa hora muchos se habían ido ya, después de estar más de dos horas casi sin poder avanzar.

En cualquier caso, EL PAÍS no debió ofrecer el dato de Efe por delante de su propia valoración, algo que Martínez Ahrens atribuye a un error. ‘La cifra de Efe llegó a las 0.31 y se incluyó en la pieza de apertura de la edición digital, en la que ya figuraban los datos de participación de la Guardia Urbana y de los organizadores. El problema surgió al volcar de madrugada en la edición digital la versión del diario impreso, que contenía los datos de participación en una pieza aparte que se volcó una hora después en la sección de España. El error en la pieza principal no fue advertido hasta la mañana siguiente y se subsanó nada más conocerse: se dio la cifra de nuestro cálculo en el subtítulo y se enlazó con la pieza específica de los datos’.

Esta explicación no justifica, sin embargo, la decisión de la noche anterior de llevar al subtítulo la cifra más baja y más polémica de participantes. Creo que se debe a unas rutinas profesionales que la Defensora ya ha observado en otros casos y que causan gran malestar en redactores y corresponsales: la inclusión, en la edición digital, de cambios que alteran significativamente la interpretación de las crónicas que ellos han elaborado, bien con titulares que no se ajustan al contenido, bien añadiendo datos, casi siempre de agencia, que no han sido consultados con el redactor.

En este caso, la información con el dato de Efe en el titular se cambió a media mañana del domingo a instancias de Miquel Noguer, el periodista que la firmaba, quien alertó de que el enfoque no era el correcto, tras encontrar en el buzón de su teléfono mensajes en los que se le recriminaba la versión que firmaba. Creo que el diario ha de dar siempre mayor credibilidad a sus periodistas que a otras fuentes y en caso de observar contradicción, se ha de consultar al redactor o al corresponsal. En todo caso, cualquier modificación significativa debe consultarse siempre con el autor.’

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