Segunda-feira, 17 de Dezembro de 2018
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº1017
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VOZ DOS OUVIDORES >

Sebastián Serrano

18/07/2005 na edição 338

‘El periodista jubilado Joaquín de Pablo, especializado en temas económicos, ha enviado una carta en la que analiza un subtítulo publicado a cuatro columnas el pasado 28 de junio. Es éste: ‘El consumo de agua representa sólo el 1% del gasto familiar de los españoles, que gastan cinco veces menos en agua que en teléfonos móviles’. Considera que es un error usar la expresión cinco veces menos.

De Pablo lo explica así: ‘Si, como indican en el texto del artículo, ‘la facturación de agua urbana supuso el pasado año unos 3.000 millones de euros, mientras que la factura de los teléfonos móviles, por ejemplo, ascendió a 15.000 millones’, esto quiere decir que el gasto en agua representa la quinta parte, o el 20%, que en móviles. Pero no que se gaste cinco veces menos en agua que en teléfonos móviles. Una vez menos supone situar el gasto en cero millones, porque representa un descenso del 100%. Y las otras cuatro veces situarían el consumo de agua en una cifra negativa de 60.000 millones de euros, es decir, un 400%. Y este gasto no puede ser negativo’.

Hace unos meses, otro lector planteó una pregunta sobre una expresión similar: ‘Cuando dicen que una cantidad es tres veces más que otra, ¿qué pretenden expresar, que es el triple o que es el cuádruple?’. Su argumento era éste: si la altura de un edificio es tres veces la de otro (y=3x), no cabe duda de que y es el triple de x; pero si un edificio es tres veces más alto que otro (y=x+3x) estamos diciendo que y es el cuádruple de x aunque se pretenda decir que es el triple.

Como la cuestión puede analizarse desde dos ángulos, la he planteado a un filólogo y a un matemático. Les adelanto que las conclusiones a las que llegan son distintas.

El filólogo Ignacio Bosque, catedrático de la Universidad Complutense y miembro de la Real Academia Española, explica que las expresiones citadas ‘se suelen llamar en sintaxis sintagmas diferenciales o grupos sintácticos diferenciales y se usan únicamente en las construcciones comparativas’. Y agrega: ‘Sirven para establecer la diferencia que se reconoce entre las entidades que se relacionan en la comparación. Así pues, cuando se dice de una casa que es dos metros más alta que otra, no se le atribuye una altura de dos metros, sino que se pone de manifiesto que esa magnitud (dos metros) establece la diferencia que existe entre dos medidas’.

Voy a hacer un alto en la explicación para precisar que, hasta aquí, la lengua castellana y el lenguaje matemático coinciden. Si la casa y es dos metros más alta que la casa x, se escribe que y=x+2. Una y otra expresión significan exactamente lo mismo.

Bosque, que ha coordinado junto con Violeta Demonte la Gramática descriptiva de la lengua española, prosigue: ‘Se usa el sustantivo vez, junto con numerales o indefinidos, como una especie de comodín que permite formar grupos cuantificativos diferenciales en los que se establece una multiplicación o una división. Estas expresiones modifican a los grupos comparativos, que pueden ser adjetivales (Es dos veces más pesado que el otro; Esta novela me resultó mil veces más aburrida que la que me dejaste la semana pasada) o adverbiales (Comía cuatro veces más que su hermano; El paquete grande pesa tres veces menos que el pequeño), entre otras posibilidades. La expresión dos veces más, que es multiplicativa, se suele sustituir por el doble; tres veces más se sustituye por el triple, etcétera. En el caso de tres veces menos o cuatro veces menos no hay más sustitutos que la tercera parte o la cuarta parte’.

Siguiendo esta pauta, la frase ‘los españoles gastan cinco veces menos en agua que en teléfonos móviles’ está, según Bosque, ‘bien construida’ y la respuesta a la pregunta del segundo lector es ‘indudablemente el triple’.

El académico concluye: ‘Esta estructura se encuentra en los textos de los mejores escritores clásicos y modernos. Así, cuando Carlos Fuentes escribe en La silla del águila ‘se va a China, donde el trabajador recibe diez veces menos que en México’, está diciendo ‘la cantidad que recibe en México dividida por diez’. Cuando Eduardo Galeano en su libro Las venas abiertas de América Latina escribe ‘Potosí tiene ahora tres veces menos habitantes que hace cuatro siglos’ está diciendo que tiene ahora el número de habitantes que tenía hace cuatro siglos dividido por tres. Existen muchos casos semejantes en textos de todas las épocas’.

Antonio Córdoba, catedrático de Análisis Matemático de la Universidad Autónoma de Madrid y uno de los matemáticos españoles con más prestigio internacional, coincide con Bosque en la respuesta a la pregunta del segundo lector, pero aporta significativos matices. ‘La expresión tres veces más está tan asumida que nuestro cerebro procesa automáticamente el triple, aunque en un sentido estricto el lector tenga razón’. Córdoba explica que, en este caso, la lengua común se presta a confusión porque está mezclando dos estructuras matemáticas diferentes: la multiplicativa (tres veces) y la aditiva (más).

Al primer lector, el matemático le da la razón: ‘Por mucho que la usen destacados escritores, utilizar la expresión cinco veces menos es una manera incorrecta de decir un quinto o la quinta parte’, opina. La formulación matemática sería en este caso y=x-5x, pero nunca y=x/5 porque la expresión cinco veces menos, que mezcla multiplicación y resta, no cabe interpretarla como división.

Córdoba considera que el uso de expresiones como cinco veces menos dificulta la enseñanza de las matemáticas en los institutos al propiciar que los alumnos incurran en errores. Por ello hace una petición: ‘Creo que los académicos de la lengua deberían reflexionar y hacer un esfuerzo para que se evite su uso. Utilizar el triple o un tercio es más preciso, no da pie a confusión. Desde el ámbito de las ciencias, la precisión es la mejor virtud que podemos aportar a la lengua común’.

Ante argumentos tan dispares, ¿qué se puede concluir? Quien asuma el riesgo de ser malinterpretado puede sin duda utilizar unas expresiones que, en palabras del profesor Bosque, forman parte del sistema lingüístico del español. Pero quien quiera evitar confusiones es mejor que no las use.

‘Tomàquet’

El sábado de la semana pasada fue publicado este otro subtítulo: ‘Ingrediente esencial de la cocina veraniega, los tomates se paladean en recetas como el gazpacho o el pa amb tumaca’. Santiago Juvé ha enviado un mensaje en el que se muestra ‘molesto y sorprendido’ por el maltrato infligido a la grafía catalana. ‘En catalán’, precisa, ‘el término corrientemente usado para el tomate es tomàquet’. Y pide ‘por lo menos el mismo respeto al catalán (y al gallego y al vasco) que a los idiomas extranjeros’. Es una petición muy razonable y ante ese error sólo cabe disculparse y hacer propósito de enmienda. Debe escribirse pa amb tomàquet.

Una vez dejado claro el principio no puedo reprimir las ganas de contar que el término tumaca tiene ya cierto predicamento en Madrid. Algunos bares anuncian pan tumaca y si uno lo pide le sirven pan con tomate y jamón. ¿Estamos presenciando el nacimiento de un neologismo?’

RODAPÉ

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